martes, 23 de septiembre de 2014

IMPONIENDO LA SHARIA EN RAQQA

“Queremos construir un estado islámico que abarque cualquier aspecto de la vida”.


A mediados de agosto la cadena de noticias Vice News, que recientemente ha firmado un acuerdo de colaboración con la productora HBO, emitió un impactante documental sobre las actividades del Estado Islámico en Raqqa, ciudad siria que ha convertido en su capital. Vice News ha realizado notables reportajes, incluyendo una visita a Corea del Norte aprovechando la aparentemente inagotable estupidez del baloncestista Dennis Rodman, único fan conocido en occidente de Kim Jong-Un. Para el documental de Raqqa, Vice News ha empleado al corresponsal Medyan Dairieh, que de algún modo (y en un derroche de valor) ha contactado y convencido a un encargado de prensa del Estado Islámico para que le deje pasear por Raqqa y filmar y entrevistar a los terroristas.

Unos yihadistas derrapando con un tanque en mitad de la calle, y los cuerpos mutilados de unos soldados sirios cuyas cabezas decoran las rejas de un parque, demuestran que las cosas en Raqqa, hasta hace poco una ciudad pasablemente occidentalizada, han cambiado bastante. Abundan las personas que saludan a la cámara levantando el dedo índice, como expresión de que el Califato es la única y verdadera expresión del Islam.

Minuto 7:00. “Vuestro líder es un descendiente de Hussein y de la tribu del profeta. Debemos amar a la familia del profeta. Debéis ayudarlo pagando vuestro dinero, sacrificando vuestra vida, y haciendo todo lo que podáis (no necesariamente en este orden) En el nombre de Dios, el Misericordioso, juramos alianza al Comendador de los Creyentes y Califa de los musulmanes”. En una mezquita los terroristas del Estado Islámico aleccionan a los habitantes de Raqqa sobre las virtudes y genealogía del nuevo califa Abú Bakr al Bagdahdí. Las caras de los asistentes reflejan los ingredientes del coctel de emociones: exaltación, miedo, odio, abyección… Contribuyen a ello los omnipresentes kalashnikov, pues como afirma solemnemente una yihadista, la sharia no puede imponerse sin ellos. Alá escribe recto con cargadores torcidos.

Minuto 9:00. ”Honestamente, la familia es lo menos importante”. En efecto la familia y en general las personas son poco relevantes ante la Causa. “Somos luchadores. Te lo juro, ojala lo tengamos difícil. No queremos una vida feliz y viajecitos, porque esas cosas nos alejan de Dios. Cuando peor sea la situación, más cerca estaremos de Dios”.

A partir del minuto 11:15 la cámara muestra el satisfactorio adoctrinamiento de un niño. En la nauseabunda imitación de un tono paternal el muyahidín de turno, que es oriundo de Bélgica, toma la lección:

Terrorista: ¿Qué hay allí, en Bélgica.
Niño: Infieles.
T: Infieles. ¿Y qué tenemos aquí?
I: El Estado Islámico.
T: ¿Y te gusta el Estado Islámico?
N: Sí.
T: ¿Qué quieres ser, un yihadista o ejecutar una operación de martirio (convertirse en suicida)
N, con cierta aprensión: Yihadista.
T: Por qué matamos a los infieles? ¡Levántate! ¿Qué han hecho los infieles?
N: Matan musulmanes.
T: Porque matan musulmanes. ¿Todos los infieles, como los infieles de Europa?
N: Los infieles de Europa, todos los infieles.


“Por lo que a nosotros respecta, creemos que esta generación de niños es la generación del Califato. Si dios quiere, esta generación luchará contra infieles y apóstatas (…) La doctrina correcta ha sido implantada en estos niños. Todos ellos desean luchar por el bien del Estado Islámico”. A continuación la cámara muestra a unos terroristas jugando con los niños en el Eufrates, una escena tan perturbadora como una reunión de pederastas en un jardín de infancia. De hecho es exactamente eso. El encargado de prensa del Estado Islámico continúa explicando que los que tienen menos de 15 años son enviados aun campo en el que son adoctrinados y adiestrados, y los mayores de 16 van directamente a cumplir sus deberes militares con Alá. ¿Participan en acciones militares? Claro, contesta el encargado con seguridad y erudición, porque Usama Ibn Zaid, el hijo adoptivo de Mahoma, dirigió un ejército a esa edad contra los romanos.

Minuto 15:45. Un yihadista canta: ”Oh Abu Bakr, tú aterrorizas a tus enemigos. Oigo la llamada de las bellas vírgenes. ¡Enrólame como un mártir!”. El que se sienta a su lado escucha con embeleso casi enternecedor lo de las bellas vírgenes. Estamos ante un festejo popular del Estado Islámico y sin duda hay gente profundamente emocionada ante este Tomorrow belongs to me islamista.

Minuto 18:30. Una patrulla armada recorre Raqqa vigilando el cumplimiento de la Sharia: “Mi propósito es establecer el Califato, y para conseguirlo de acuerdo con el Profeta debemos enseñar a otros qué hacer y qué no hacer. De este modo se dirigen a un comerciante para que retire un cartel excesivamente occidental: ”Queremos una calle islámica, somos musulmanes. No nos gustan los infieles. Si tú has puesto esta foto quiere decir que te gustan los infieles”. En esto recuerdan bastante a los que obligan a rotular en catalán. Siempre con tono de buen rollito, y las ametralladoras bien visibles, la patrulla detiene a otro viandante que, tras la evidente alarma inicial, se las arregla para componer una sonrisa incómoda: ¿Esa es tu mujer? Sí, alabado sea Dios. Antes que nada, dile que cambie el tejido de su velo. Y después dile que no sujete la falda porque podemos ver lo que lleva debajo ¡Es tu mujer, hermano, presérvala! La mujer, vertida de negro y tapada hasta las cejas, ha permanecido como un mueble mientras se desarrolla la conversación. Finalizada la actuación los miembros de la patrulla instruyen al reportero: ”Dios ordenó a la mujer llevar velo, no lo inventamos nosotros. Por eso les avisamos. En un tono amable, pero los que no obedezcan serán obligados”. Ante la presencia de la patrulla abundan las sonrisas. Sin duda las primeras provienen del miedo, pero para las siguientes el ajuste de disonancia habrá comenzado a funcionar y la esclavitud será voluntaria.


Minuto 28:05. Tribunales de la Sharia en Raqqa, una curiosa mezcla de burocracia e Islam. Un magistrado cuenta: “La Sharia ha devuelto los tribunales al pueblo”. ¿Se ajusta la actuación de los tribunales a estándares internacionales? ”Se ajusta a estándares internacionales. Por supuesto que no. Pretendemos satisfacer a Dios, y por eso no nos importan los estándares internacionales”

¿Y los cristianos? Un magistrado asegura que no existe persecución, y que los cristianos pueden profesar su fe siempre que paguen un tributo. A lo largo del documental otros muyahidines desmienten esta afirmación, quizás por no haber interiorizado el guión . Los campos de refugiados también lo desmienten, así como las imágenes de niños cristianos heridos. Al no tratarse de palestinos, es difícil que nuestra progresía se interese por ellos.

Pueden ver el reportaje completo aquí.

jueves, 18 de septiembre de 2014

LAS CARTAS DE RENAN A STRAUSS (2)


En mayo de 1882 Renan pronuncia una conferencia en la Sorbona: Qué es la nación.

Empecemos por lo que no es. Descartada la religión, descartada la geografía, algunas tendencias pretenden basarla en la raza:

”Hoy se comete un error todavía más grave: se confunde la raza con la nación y se atribuye a grupos etnográficos, o más bien lingüísticos, una soberanía análoga a la de los pueblos realmente existentes”.

Donde dice pueblos léase países. En efecto, el problema está en que las visiones particularistas de la nación discuten la soberanía de los países realmente existente y amenazan la pacífica convivencia:

  ”La familia germánica, por ejemplo, según esta teoría tiene el derecho de recuperar a los miembros dispersos del mundo germánico, incluso cuando estos miembros no demandan la reunificación. El derecho del germanismo sobre tal provincia es más fuerte que el derecho de los habitantes de esta provincia sobre sí mismos.”



Con esto se está refiriendo obviamente al pasado contencioso alsaciano. Concluye rotundamente:

“La raza no lo es todo, como en los roedores o felinos, y no se tiene derecho a ir por el mundo palpando el cráneo de las gentes para después cogerlas por el cuello y decirles: «¡Tú eres de nuestra sangre; tú nos perteneces!». Más allá de los caracteres antropológicos está la razón, la justicia, lo verdadero, lo bello, que son iguales para todos”.

Impecable. Renan previene además de los riesgos que supone el particularismo y encerrarse en la propia cultura:

”Cuando se lleva a la exageración se encierra uno en una cultura determinada tenida por nacional, se limita, se enclaustra. Se abandona el aire libre que se respira en el vasto campo de la humanidad para encerrarse en los conventículos de los compatriotas. Nada peor para el espíritu, nada más lamentable para la civilización. No abandonemos el principio fundamental de que el hombre es un ser razonable y moral antes de ser miembro de tal o cual raza, un adherente de tal o cual cultura. Antes que la cultura francesa, alemana o italiana está la cultura humana”.
 

Para Renan, la idea de nación presupone la existencia de ciudadanos libres:

”Las naciones así entendidas son algo bastante nuevo en la historia. La antigüedad no las conoció; Egipto, China, la antigua Caldea, no fueron en modo alguno naciones. Eran manadas conducidas por un hijo del sol o un hijo del Cielo. No hubo ciudadanos egipcios, del mismo modo que no hay ciudadanos chinos”.

”El Imperio romano estuvo bastante más cerca de ser una patria. Como resultado del inmenso beneficio que supuso el cese de las guerras, la dominación romana, tan dura en sus inicios, fue aceptada rápidamente. Fue una gran asociación, sinónimo de orden, de paz, de civilización. En los últimos tiempos del Imperio hubo (…) una verdadera estima de la “paz romana” frente al amenazador caos de la barbarie”.

En efecto. Un statu quo pacífico debe ser considerado un valor en sí mismo, oponible frente a los aventureros. Si Renan se hubiera mantenido por este camino la cosa habría estado perfecta, pero a continuación se complica un poco:

“Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas, que a decir verdad no son más que una, constituyen este alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. La una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa (…) Haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía”. “Una nación es pues una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y los sacrificios que todavía se está dispuesto a hacer. Supone un pasado; se resume, no obstante, en el presente por un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida en común. La existencia de una nación es (perdónenme esta metáfora) un plebiscito de todos los días.

Un plebiscito de todos los días parece algo cansado, pero además ¿por parte de quién? Renan desgraciadamente lo especifica:

”Una nación no tiene más derecho que un rey a decirle a una provincia: me perteneces, luego te tomo: una provincia, para nosotros, son sus habitantes; si alguien tiene derecho a ser consultado en este tema es el habitante”.


Resumiendo. Renan, que ha comenzado simpatizando con planteamientos racistas, ha descubierto el humanismo gracias a la anexión de Alsacia. Entendemos aquí el humanismo como el planteamiento que sitúa al hombre por delante de agregados como la raza, la clase, la nación, o la cultura, y no permite que sea sojuzgado por estos [1]. Renan ha entendido el problema, pero no en todo su alcance. Ha percibido la amenaza contra el humanismo proveniente de los bárbaros de fuera: aquellos que pretenden esclavizar a los ciudadanos contra su voluntad, proscribiendo la disidencia y la diferencia, y estabulándolos según sus respectivas visiones raciales o culturales. Ha entendido perfectamente que los ciudadanos alsacianos no pueden ser supeditados a la raza alemana, y frente a la tiranía de ésta ha opuesto la voluntad de aquellos. Por eso acaba diciendo que la nación es un plebiscito cotidiano, y acaba defendiendo el derecho a la secesión.

Pero Renan no ha entendido que la esclavitud de la raza se ha impuesto obligatoriamente a los alsacianos, pero ha sido escogida voluntariamente por los alemanes para aplicársela a ellos mismos. Este es realmente el peligro: el hombre experimenta continuamente la tentación de renunciar a serlo disolviéndose en la masa, y a renunciar a su libertad a cambio del calor de la manada. En este caso puede ser el hombre el que esté dispuesto a agarrarse él mismo del cuello y a afirmar “yo nos pertenezco” Entonces ¿qué hacer si es una parte de la nación la que se infecta con el virus disolvente, ya sea racista o nacionalista? ¿Qué hacer cuando los bárbaros están dentro? Todo esto Renan parece no haberlo previsto, y cuando acaba patrocinando alegremente la secesión es obvio que no está pensando en una provincia emocionalmente contaminada. Renan no puede pretender defender al ciudadano frente a los bárbaros de fuera sólo para acabar rindiéndolo a los bárbaros de dentro. El derecho a la secesión, es decir, la fragmentación de la soberanía del todo y su cesión a las partes, no es el tratamiento adecuado, sino su veneno. No estaría mal tener esto muy claro.


[1] El humanismo (continúo con este nombre a falta de otro nombre mejor) entiende que esas clasificaciones son particularistas, artificiales e irrelevantes, y se superponen a otras que son universales (comunes a todos los hombres) como lo justo, lo sensato o lo bueno (que me perdonen los multiculturales actuales.

Imágenes: 1) Renan; 2) Ilustración del alsaciano Jean-Jacques Waltz “Hansi”: prusiano obligando a rotular a los alsacianos en catalán (o lo que corresponda); 3) Otra ilustración de Hansi: las sucesivas visitas de los germánicos a Alsacia a lo largo de la historia. Obsérvese cómo todos ellos se marchan llevándose un botín similar. 4) Pueblecito alsaciano; 5) La evidencia de la identidad cultural alemana de Alsacia: el chucrut (los argumentos racistas y nacionalistas no suelen ser más profundos que esto)

lunes, 15 de septiembre de 2014

LAS CARTAS DE RENAN A STRAUSS (1)

Tras la revolución de 1868, y la deposición de la reina Isabel II, el general Prim valora distintas opciones para ocupar el trono español vacante, entre ellas la del príncipe Leopodo de Hohenzollern. Prusia acaba de derrotar a Austria y sus aliados de la confederación alemana, y Francia teme que con un pariente del monarca prusiano en España se encontrará incómodamente situada entre las tenazas de una pinza. Así que presiona diplomáticamente, y Leopoldo termina por retirar su candidatura.


En julio de 1870 el rey Guillermo I Prusia, también Hohenzollern, pasea tranquilamente por el balneario de Bad Ems cuando es súbitamente abordado por el embajador francés. Tras intercambiar las cortesías de rigor, el embajador insta al monarca a que se comprometa para siempre a que jamás un Hohenzollern ocupe el trono de España. El rey, en tono amable, renuncia a hacer ningún compromiso a tan largo plazo, se despide del embajador, encarga a su edecán que en lo sucesivo trate él con el pelmazo, y se va a tomar sus baños.

Siguiendo instrucciones del rey, el edecán manda un escueto telegrama a Bismarck describiendo el encuentro. El Canciller, con su proyecto de unificación a cuestas, se encuentra muy necesitado de un enemigo común para despertar el fervor patriótico alemán, ya de por sí bastante sensible. Así que, tras alterar sutilmente el telegrama, ordena su publicación. Con la nueva redacción parece que el rey de Prusia ha tratado con altanería al embajador francés, y que ha encargado a un sirviente que pasaba por allí que en lo sucesivo trate con él. Tal y como Bismarck espera [1], el emperador Napoleón III reacciona como si se hubiera sentado sobre una avispa, y el 19 de julio de 1870 declara la guerra a Prusia. Napoleón III no sólo ha valorado incorrectamente el telegrama, sino también la potencia bélica de su adversario. El ejército francés sufre una serie ininterrumpida de derrotas que culmina en la definitiva de Sedán, donde de paso es capturado el propio emperador.


Entre los efectos secundarios de la derrota militar está la anexión de Alsacia y Lorena por Alemania, y culminada la ocupación los más ilustres representantes de la universidad alemana se ponen a la tarea de justificarla. En Alsacia se habla alemán, su cultura es alemana. La anexión, argumentan los intelectuales, no es más que una reintegración de las ovejas perdidas en el rebaño alemán. Mientras tanto los diputados alsacianos de la Asamblea Nacional proclaman su lealtad a Francia:

"Proclamamos el derecho de los habitantes de Alsacia-Lorena a seguir siendo miembros de la Patria Francesa, y juramos tanto en nombre propio como en el de nuestros comitentes, nuestros hijos y descendientes, reivindicarlo eternamente y mediante todos los procedimientos, a despecho de todos los usurpadores”.

Parece que es momento de grandes palabras, de hablar de la eternidad, y de arrogarse la representación de unos descendientes que aún no han tenido oportunidad de dársela. Pero la razón está a su lado.

En agosto de 1870 el teólogo y escritor David Friedrich Strauss inserta una carta en La gaceta de Augsburgo en la que solicita a Ernest Renan que se manifieste sobre el asunto. ¿Por qué lo hace? Renan es francés, y no puede sentirse muy satisfecho con el desenlace de la guerra. Quizás porque sabe que Renan no ha sido en el pasado inmune a las teorías racistas, y ha tendido a hablar en términos de espíritus, razas y culturas: ”La raza semítica comparada con la raza indoeuropea significa realmente una combinación inferior de la naturaleza humana” [2]. ”(…) la espantosa simplicidad del espíritu semítico, que angosta el cerebro humano cerrándolo a cualquier idea delicada” [3].


Pero Renan ha descubierto súbitamente a la persona. El hombre, emancipado por la Ilustración de la esclavitud del nacimiento, el rango y el estatus, no puede caer ahora bajo el moderno yugo de la raza, el espíritu o la cultura. En septiembre Renan responde a Strauss en el Journal des débats:

“Considero, por lo demás, que puede tener alguna utilidad el que en esta crisis dos hombres que pertenecen a dos naciones rivales, independientes el uno del oro y ajenos a todo espíritu partidista, intercambien sus puntos de vista –sin pasión, pero con plena franqueza – sobre las causas y el alcance de la lucha actual”.

El tono inicial es Renan es obsequioso (“sus altas y filosóficas palabras (…) debo a Alemania lo que más aprecio, mi filosofía, casi diría que mi religión (…) Alemania ha producido uno de los más bellos desarrollos intelectuales que haya existido jamás”) pero poco a poco comienza a perfilar su argumentación. Ignorando que la distinción ha dejado de existir, Renan intenta dejar al margen a la culta Alemania y atribuir los males al fanatismo y la cerrazón prusiana:

“(…) esa pedantería arrogante y envidiosa que a veces nos desagrada en Prusia iba siendo sustituida poco a poco hasta dar paso al espíritu alemán, con su maravillosa altura y sus poéticas y filosóficas aspiraciones”.

Continúa quejándose del fanatismo que parece haber aquejado súbitamente a Mommsen [45]:

”Su ilustre Mommsen, en una carta que nos ha entristecido un tanto, comparaba hace unos días nuestra literatura a las aguas cenagosas del Sena y pretendía preservar al mundo de aquélla como de un veneno”.


Renan no parece apreciarlo, pero la súbita exaltación del austero profesor Mommsen, diluido en un enfervorecido espíritu alemán, es el mayor síntoma de la virulencia del mal que se ha extendido. Y continúa diciendo:

“Vuestros fogosos germanistas alegan que Alsacia es una tierra germánica, injustamente separada del imperio alemán. Observe que todas las nacionalidades son territorios mal delimitados; si se pone uno a razonar sobre la etnografía de cada cantón, se abre la puerta a guerras sin fin”.

He aquí otro asunto que Renan roza en su carta y no llega a desarrollar: la apropiación de Alsacia es ruptura y destrucción; la postura de Renan defiende la estabilidad y el mantenimiento de la pacífica convivencia, y esto en sí es un valor que se debe preservar.

Strauss no ha encontrado simpatía por parte de Renan en la desmembración de Francia. Sin incluir la carta de Renan, que él mismo había solicitado, hace un par de comentarios despectivos sobre la misma en la Gaceta de Augsburgo y se desentiende del asunto. Renan se enfada y dirige una segunda carta a Strauss en la que le reprocha la falta de delicadeza:

”He aquí, señor, donde veo claramente la diferencia entre nuestros modos de entender la vida. La pasión que le llena y que le parece santa, es capaz de arrancarle un acto lamentable (…) Se deja usted arrastrar por su causa: el apasionamiento le impide apreciar esos remilgos de gentes aburridas que nosotros llamamos gusto y tacto”

Y a continuación se burla con elegancia de la causa que obnubila a Strauss:

”En casi todos los sitios donde los fogosos patriotas de Alemania reclaman un derecho germánico, podríamos nosotros reclamar un derecho celta anterior. Y antes del periodo celta existían, se dice, los alófilos, los fineses y los lapones; y antes de los lapones estaban los hombres de las cavernas; y antes de los hombres de las cavernas estaban los orangutanes: con esta filosofía de la historia no habría otra legitimidad en el mundo que el derecho de los orangutanes, injustamente desposeídos por la perfidia de los civilizados”.

Y vuelve a poner de manifiesto el peligro de la visión del mundo que el alemán defiende:

“Alemania (…) se ha subido a un fogoso caballo que la llevará donde no quiere”. ”La división demasiado acusada de la humanidad en razas (,…) no puede conducir más que a guerras de exterminio (…) Esto sería el fin de esta mezcla fecunda, compuesta de numerosos elementos todos ellos necesarios, que se llama humanidad”.

Renan está en mitad de dos corrientes. Advierte el peligro de supeditar a la persona a ensoñaciones colectivas (raza, espíritu, nación) pero se ve incapaz de renunciar completamente a ellas (”sin duda alguna rechazamos como un error de hecho fundamental la igualdad de los individuos humanos y la igualdad de las razas”) Consigue, sin embargo, reconducir su argumentación hacia el humanismo:

”Seamos menos radicales; al lado del derecho de los muertos admitamos un pequeño espacio para el derecho de los vivos”.

”Alsacia es alemana por lengua y por raza, pero no desea formar parte del estado alemán; esto zanja la cuestión. Se habla del derecho de Francia, del derecho de Alemania. Estas abstracciones nos afectan mucho menos que el derecho que tienen los alsacianos, seres vivos de carne y hueso, a no obedecer a otro poder que el consentido por ellos”.

(continuará)

Notas.
[1] Más tarde Bismarck dirá: “el telegrama produjo el efecto de un trapo rojo ante el toro francés”.
[2] E. Renan: Discursos de apertura en el Colegio de Francia. Citado por A. Finkielkraut en La derrota del pensamiento.
[3] E. Renan: Historia de las lenguas semíticas .
[4] Theodor Mommsen estudioso de la antigüedad clásica y posteriormente político y jurista. Es autor de una monumental Historia de Roma en tres volúmenes.

Imágenes: 1) Guillermo I y el embajador francés en Bad Ems; 2) El asedio de París por los prusianos, por Jean-Louis-Ernest Meissonier; 3) Ernest Renan; 4) ¿Arcadi Espada? No, Theodor Mommsen.

martes, 2 de septiembre de 2014