miércoles, 20 de agosto de 2014

EL ORACULO DEL GUERRERO


1999. El exultante Hugo Chávez que acaba de ganar las elecciones acostumbra a acompañar sus intervenciones con consignas de El oráculo del guerrero. Se trata de su libro de cabecera del momento, una especie de manual de autoayuda repleto de consignas heroicas que liberan simultáneamente al lector de sus dudas, de la obligación de pensar, y del sentido del ridículo:

“En el Camino del conocimiento, el Guerrero debe penetrar más y más profundamente en sí mismo y su vida”; “Que tu corazón escuche el susurro del Universo girando lentamente. Abre tus canales de percepción y conéctate con el Altísimo. Junta tus palmas e inclínate”.

El Oráculo está escrito por el argentino Lucas Estrella, un biólogo experto en artes marciales, y Chávez está convencido de que está inspirado en el Che Guevara. El Comandante asegura que lo “consulta religiosamente”, y que se siente retratado por él. [1]

Siempre dispuestos a complacer a su líder, los plumíferos y tiralevitas de la web Aporrea se lanzarán a adornar sus artículos con lemas oraculares:

”Párate dignamente sobre la Tierra. De perfil. Tu mano sostiene la lanza. Su punta se dirige hacia el Cielo”[2].

”Lo que ahora corresponde es abrir el camino a tu discípulo. Ayúdalo a seguir, despéjale la senda de obstáculos. (…) Entonces, al amanecer, cuando tu discípulo repose, retírate en silencio sin dejar rastro de ti” [3].

”Guerrero, cuando ganes una batalla no pierdas tiempo envainando la espada porque ya mañana vendrá otra batalla”. “Una vez arriba y otra vez abajo. Una vez adelante y otra vez atrás”.

En sus discursos, en sus apariciones en Aló, Presidente, Hugo Chávez salpica sus intervenciones públicas con frases y consignas del Oráculo. Pero un buen día a alguien se le ocurre decir que, en realidad, el Oráculo es un libro levemente encriptado dirigido al público gay [4]. Los lemas del libro son releídos a la luz de esta revelación, y la cosa encaja bastante bien (con perdón). El asunto provoca un gran jolgorio, y bruscamente el Comandante deja de acudir al Oráculo.

No será esta la última peripecia del libro. Con el tiempo será rescatado por la oposición para pedir al comandante que, siguiendo sus enseñanzas, abandone el poder. Así se convertirá en un libro subversivo y golpista para el chavismo:

“Has estado demasiado tiempo en este lugar. El aire está enrarecido. Estás estancado, no fluyes. Tu entorno ya no te aporta nada nuevo. Debes, pues, marcharte en busca de nuevos amaneceres”.

“Ordena las cosas antes de irte. Cierra los círculos (bolivarianos). No dejes cabos sueltos. Que tu partida sea natural, como el migrar de las grullas en invierno”.

[1] http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/118812/en-la-venezuela-chavista-del-siglo-xxi-hay-ciertos-textos-que-han-pasado-a-ser-subversivos-y-golpistas/
[2] http://www.aporrea.org/actualidad/a141482.html
[3] http://www.aporrea.org/ddhh/a141532.html
[4] Boris Izaguirre: “Comparada con el libro favorito de Chávez mi novela resulta francamente heterosexual”.

martes, 12 de agosto de 2014

LIBRES E IGUALES

Me permito reproducir aquí estos magníficos versos que Fray Josepho ha publicado en Libertad Digital. No se puede decir mejor:

Para conservar aquello
que nos mantiene ligados.
Para no quedar callados
frente a cualquier atropello.
Para no doblar el cuello
ante embustes colosales…
¡Libres e Iguales!

Para rechazar los cuentos

de una historia que no fue.
Para no perder la fe
de los puros argumentos.
Para refutar inventos
y delirios medievales…
¡Libres e Iguales!

Para defender el hecho

de que somos españoles.
Para escapar de pujoles
y otros ases del cohecho.
Para guardar, por derecho,
nuestras normas esenciales…
¡Libres e Iguales!

Para hablar, porque el mutismo

hace que nos pisoteen.
Para que no nos chuleen
en aras del buenrollismo.
Para escapar del cinismo
de pasteleros neutrales…
¡Libres e Iguales!

Para llamar justamente

a las cosas por su nombre.
Para que nadie se asombre
por desmentir al que miente.
Para que a nadie le tiente
dar favores especiales…
¡Libres e Iguales!

Para sofocar hogueras

de victimismos ficticios. 
ara zanjar beneficios
que laten tras las banderas.
Para que trolas groseras
no cuelen como reales…
¡Libres e Iguales!

Para que la libertad

no encalle en el desvarío.
Para deshacer el lío
con la ley y la verdad.
Para atajar la ruindad
de procesos demenciales…
¡Libres e Iguales!

lunes, 4 de agosto de 2014

viernes, 1 de agosto de 2014

MONEDERO EXPLICA CENICIENTA



Leyendo El gobierno de las palabras del profesor Juan Carlos Monedero nos enteramos de que Marx hablaba de la “subsunción real del trabajo en el capital” ¿Y esto qué es? Investigando en la web encontramos esta definición: “Es la subordinación del trabajo respecto al capital que se produce cuando los procedimientos, la maquinaria y la tecnología empleadas consiguen arrebatar al trabajador/a, la iniciativa en el proceso productivo, siendo desplazada por la dinámica de un sistema de máquinas y procedimientos que convierten en instrumento del funcionamiento maquínico(sic)”.

Insuficiente a todas luces. Afortunadamente el profesor Monedero nos ilustra con un cuento infantil: el de Cenicienta. Recordemos que su argumento está al alcance de cualquiera: Cenicienta es una chica pobre pero mona que vive con dos malvadas hermanastras. Por mediación de un hada regordeta consigue asistir al baile del príncipe local, aunque con la condición de abandonarlo antes de medianoche. El príncipe baila con Cenicienta y se enamora de ella, y asiste asombrado a su precipitada huida cuando llegan las doce. Como con las prisas Cenicienta ha perdido un zapato, el príncipe, con el fin de encontrarla, tiene la ocurrencia de anunciar que se casará con aquella en cuyo pie encaje. Las hermanastras, que no sólo son malas sino bastante brutas, intentan meter sucesivamente sus respectivos pies, mucho más grandes, llegando a incluso a mutilarse en el empeño. Finalmente acude Cenicienta, se calza limpiamente el zapato, se casa con el príncipe, viven felices y todo eso.

Pues bien, esta es la versión del Profesor Monedero. Queridos niños:

Un antojadizo príncipe se ha hecho con una zapatilla que identifica con la felicidad (¿?), extraviada en su huida por una joven desconocida (¡como si esto fuera accesorio!; lo que interesa al príncipe del zapato no es que lo identifique con la felicidad - ¿se puede hacer eso? -, sino que es de la joven desconocida de la que se ha enamorado). El príncipe, todopoderoso, tiene la voluntad y la capacidad para hacer que las mujeres que él decida calcen la zapatilla, sin importar que cada ser humano tenga su propia horma (¡no hombre, no!; lo que él quiere es encontrar a Cenicienta, y el zapato es su única pista; precisamente su método se basa en entender que cada ser humano tiene su propia horma) . Esta voluntad del príncipe para simplificar, tiene su correlato trágico en las hermanastras de Cenicienta (…) Las envidiosas jóvenes, que quieren la gloria de vestir a toda costa el pequeño zapato (sería más correcto “quieren a toda costa la gloria de vestir…”; en cualquier caso, lo que quieren a toda costa es casarse con el príncipe), deciden igualmente simplificar, convirtiéndose al tiempo en víctimas y verdugos. Incapaces de incorporar un pensamiento complejo (¿seguro que son ellas las que son incapaces de pensamientos complejos?), creen que cortándose el talón o el dedo que les sobra, encajarán su pie en el continente que ofrece el arbitrario príncipe. Con reminiscencias psicoanalíticas (¿¿??), la sangre de las mujeres aterrará al pretendiente real que huirá aterrorizado de las candidatas mentirosas (lo aterrorizará que sean tan brutas; huirá porque ninguna de ellas es Cenicienta). En estos casos, los más trágicos de la obra, no se trata solamente del maniaco príncipe que pretende ahormar a otras personas a su gusto (¡y dale!), sino que se trata de seres humanos dispuestos a automutilarse para adaptarse a la voluntad de otra persona. Marx lo expresaría de forma más fría y conceptual hablando de la señalada subsunción real del trabajo en el capital, es decir, la asunción por parte de los trabajadores de la lógica del capital que los condena a estar siempre explotados”.

De acuerdo, nosotros seguimos sin entender lo de la “subsunción real del trabajo en el capital”, pero nos queda el consuelo de que el profesor Monedero ha sido incapaz de entender Cenicienta.


Tengan un buen día.