viernes, 20 de diciembre de 2013

UNA HISTORIA DEL PRESTIGE: EL ACCIDENTE


A las 15:15 hora española del 13 de noviembre de 2002 el Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) Finisterre [1] recibe una señal de auxilio. Ha llegado por llamada selectiva digital, un sistema que permite al buque en apuros identificarse y señalar su posición con sólo apretar un botón. Es el Prestige [2]. Dos minutos más tarde llega al CCS un entrecortado mayday proveniente del buque. Más tarde, cuando se desencadene la tormenta acusatoria, se reprochará a la administración haber reaccionado con torpeza. Conviene por tanto señalar que a las 15:20, sólo tres minutos después de haber sido recibida la señal de socorro, Salvamento Marítimo ya ha movilizado su helicóptero Helimer Galicia, y trata, de momento infructuosamente, de ponerse en contacto con el helicóptero Pesca-1 perteneciente a la Junta de Galicia.

Todo parece indicar que, a las 15:10, el Prestige se ha comido una ola de proporciones homéricas que le ha abierto un boquete en el costado de estribor. El agujero está por debajo de la línea de flotación, lo que hace que el buque esté embarcando agua al impresionante ritmo de 700 toneladas por minuto. A las 15:20 el Prestige está próximo al colapso, cabeceando por la acción de olas de 8 metros, con una escora de 24º, y casi un metro y medio más hundido de lo que estaba sólo 10 minutos antes. Para colmo, la escora ha activado la alarma de parada de emergencia del motor principal por disminución del nivel de aceite, y su ulular se suma al de la alarma general. La banda sonora resultante no contribuye a la serenidad de la tripulación, que, compuesta casi exclusivamente por filipinos con una experiencia limitada, para entonces se encuentra al borde del pánico. Mientras el jefe de máquinas baja para parar el motor y hacer los ajustes necesarios, el capitán Apostolos Mangouras toma una decisión que más tarde tendrá resultados adversos: solicita a Salvamento Marítimo que su tripulación sea evacuada. Estaban muy asustados, algunos estaban llorando, contará. Mangouras es un marino experimentado: tiene 67 años y un par de infartos a sus espaldas. Es un hombre de carácter, aunque sea mal carácter, lo que posteriormente dificultará su situación legal.


En el CCS Finisterre no parece que se esté perdiendo el tiempo. A las 15:34 el remolcador Ría de Vigo está en camino, y a las 15:35 se ha ordenado acudir a todos los buques que se encuentran en las proximidades del barco accidentado. A las 16:00 el Walilly, que estaba sólo a dos  millas en el momento de recibir el aviso, informa de la escora del Prestige y de que en el agua hay fuel. Cuando a las 16:32 llega el primer helicóptero (Pesca-1) se encuentra con algo parecido a una película de Wolfgang Petersen. Más tarde contarán que el buque estaba “tan escorado que no vimos el agujero”, y que sus tripulantes estaban apiñados a babor “menos dos marineros que, increíblemente, se encontraban en la mitad de la cubierta, enfangada de petróleo y barrida por unas olas que saltaban el barco de babor a estribor”. “De repente, una ola barrió la cubierta y se tragó a uno de ellos: desapareció. Ya íbamos a buscarlo cuando reaparece el tío, agarrado a un pasamanos: increíble, no sé cómo pudo conseguirlo. El otro le ayudó a retrepar sobre la cubierta”. Entretanto Salvamento Marítimo ha movilizado al remolcador Ibaizabal 1, e intenta infructuosamente hacer lo propio con el Pau da Luz.

A las 17:10 Pesca-1 informa que vuela rumbo a Vigo llevando a bordo a siete marineros recuperados del Prestige. A las 18:06 Helimer Galicia informa que ha recogido a otros 17 tripulantes, y que a los tres restantes “no se les ve intención de abandonar el buque”. Son el capitán, el jefe de máquinas y un oficial filipino, a los que el pundonor ha impelido a permanecer a bordo, y que posteriormente también serán rescatados. Aunque conmocionará a la opinión pública, gracias a Salvamento Marítimo el accidente del Prestige no tendrá coste en vidas humanas. Unos meses esa misma opinión pública ha asistido con notable indiferencia al hundimiento del Joola y al ahogamiento de casi 2.000 de sus pasajeros, lo que nos proporciona información sobre su plasticidad.


Desde la parada de su motor principal el Prestige ha estado derivando hacia la costa de Finisterre, y a las 18:15 Salvamento Marítimo pide a Mangouras que dé un cable de remolque al Ría de Vigo, que está llegando a la escena. Mangouras nada dice, y la orden es reiterada: Mangouras contesta que sólo recibe órdenes de su armador, palabras que agrandan notablemente su horizonte penal. El caso es que se está produciendo una negociación acelerada entre el armador del Prestige (y jefe de Mangouras) y la empresa de salvamento holandesa Smit Tak por un lado, y entre ésta y el armador del Ría de Vigo por otro. El remolcador Ría de Vigo tiene un contrato de arrendamiento no en exclusiva con la administración española, según el cual puede atender sus negocios particulares siempre que cuente con la autorización de ésta. Más tarde el armador del remolcador dirá que no ha puesto el buque a disposición de Smit Tak hasta las 21:00, cuando ya había obtenido autorización del Ministerio de Fomento, pero todo parece indicar que desde las 18:15 ha estado manteniendo contactos con Smit Tak. En todo caso a las 19:30 Smit Tak firma un acuerdo con el armador del Prestige, y a las 21:00 Mangouras accede a dar el remolque al Ría de Vigo. La renuencia de Mangouras a dar el remolque hasta que las cosas estén claras es explicable, porque los intereses económicos en juego son elevados y la ausencia de tripulantes puede marcar la diferencia entre un rescate y un hallazgo para el remolcador. Más tarde Mangouras contará que en un momento dado el Jefe de Máquinas se vio inmerso en una paranoia que le dictaba que los rescatadores iban a asesinarlos y a quedarse con la carga (recuérdese la historia de los chinos desnucados del Cason). En cuanto a la relación del Ría de Vigo con la administración, como más tarde servirá de fundamento a una de las vaporosas acusaciones antigubernamentales (el gobierno ultraliberal encomienda la seguridad a empresas privadas donde reina el ánimo de lucro en vez de al abnegado estado, etc.) volveremos sobre este asunto más adelante.

A la vez que accede a dar el cable de remolque, Mangouras solicita que alguien suba a bordo para ayudar en los trabajos, lo que evidencia el error de haber evacuado a toda su tripulación. A la vez, ante las olas que cubren la cubierta y el peligro cierto de hundimiento, toma la segunda decisión incorrecta del día: ordena inundar algunos compartimentos de babor para enderezar el barco [3] Con ello incrementa la tensión por arrufo (la experimentada en el centro del buque hacia abajo) hasta un 150% del máximo considerado como seguro en aguas tranquilas. Y además aumenta la inmersión del buque hasta los 2,70 metros desde el inicio del accidente. El calado queda en 17,4 metros, considerando la escora. En ese momento el Prestige se encuentra a 16 millas de la costa.

Con sólo tres personas a bordo, y encontrándose sin vapor en los cabrestantes, la maniobra de toma de remolque está condenada al fracaso. El Ría de Vigo hace todo lo que puede, e incluso en uno de las arriesgados acercamientos recibe un porrazo del ancla del Prestige que le provoca serios destrozos, pero va rompiendo todos los cables de remolque en los sucesivos intentos. A las 2:21 del 14 de noviembre un helicóptero deposita en cubierta del Prestige a dos tripulantes del remolcador Ibaizabal. A las 4.21, fracasados todos los intentos de hacer firme algún cabo, y con el barco acercándose peligrosamente a la costa, Salvamento pregunta a Mangouras si está en condiciones de fondear en algún sitio, a lo que éste contesta afirmativamente.

La luz del amanecer presenta al Prestige rodeado por cuatro acuciantes remolcadores. Los intentos infructuosos han aumentado el nerviosismo en la administración, y el cabreo inicial por la tardanza de Mangouras al acatar sus instrucciones se traduce en episodios chuscos. A las 6:20 el CCS Finisterre ha conminado al capitán del Prestige a que vaya él personalmente a proa a largar el cabo de remolque (“por favor, repita”, contesta un atónito Mangouras). Y a las 10:00 de la mañana el delegado del gobierno ordena que sean depositadas en la cubierta del Prestige ¡dos parejas de la Guardia Civil! La Benemérita no llegará a embarcar, pero sí lo han hecho cuatro tripulantes de la empresa de salvamento, algunos marineros previamente evacuados del Prestige, y un jefe de máquinas tan curtido como Mangouras, con órdenes de arrancar el motor y alejar el barco. Finalmente a las 13:40 el Ría de Vigo informa que ha hecho firme el remolque, y que, para alivio temporal de todos, navega con el Prestige en dirección NW.


[1] Los CCS pertenecen a Salvamento Marítimo, encuadrado a su vez en el Ministerio de Fomento. Tienen dos misiones básicas, vigilar el tráfico (Vessel Traffic Service) y coordinar los salvamentos en su área. En su faceta VTS los CCS se conocen también como ‘Tráfico’. Así el CCS de Finisterre es llamado también 'Finisterre Tráfico'. Por su parte el nombre completo de Salvamento Marítimo es Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (SASEMAR). Disculpen el lío de nombres.

[2] El lector encontrará aquí, y no debe perdérselo, un magnífico artículo con todos los detalles del episodio. Evidentemente, esta entrada bebe en esa fuente. Si no conocen aún el nombre, apúntense el del capitán Luis Jar Torre.

[3] El capitán Jar Torre sugiere la alternativa de trasvasar carga desde los compartimentos de estribor hasta los de babor, consiguiendo el mismo efecto de adrizar el barco sin incrementar el peso y con él el esfuerzo de arrufo y la inmersión.

Imágenes: 1) El Prestige navega escorado; 2) El Prestige visto desde el Pesca-1; 3) Helimer-Galicia ante el Prestige. Obsérvese que el oleaje ha arrancado un bote del costado de babor, donde permanece un pescante retorcido. 4) El Prestige dejando una ancha mancha de fuel.

jueves, 12 de diciembre de 2013

UNA HISTORIA DEL PRESTIGE: PROEMIO




El 5 de diciembre de 1987 el mercante Cason de bandera panameña sufrió un incendio a la altura de Finisterre, y los cuatro remolcadores que respondieron rápidamente a la llamada de socorro no pudieron evitar que se estrellase contra unas rocas cerca de Corcubión. Estaba tripulado por 32 chinos, de los cuales 23 murieron al arrojarse a las frías aguas en un vano intento de escapar del miedo y las llamas. El Cason viajaba de Holanda a Shangai llevando, entre otras cosas, 800 toneladas de productos tóxicos. En la incertidumbre y la alarma florecieron los rumores. Comenzó a decirse que el buque naufragado transportaba clandestinamente material radiactivo, y que armador y empresas de salvamento pugnaban por hacerse con la carga. Un marino de Finisterre declaró, con total seriedad, que había visto desde la costa cómo el capitán del Remolcanosa 5, después de conseguir hacer firme una estacha del Cason (un cable de acero de unos 20 centímetros de grueso), la cortaba ¡con una navaja! [1]. Gradualmente la imaginación se fue liberando de las restricciones impuestas por la sensatez, la verosimilitud, e incluso el sentido del ridículo, y así se empezó a decir que todos los cadáveres recuperados habían recibido un golpe letal en la nuca, eliminados sin duda para hacerse con la carga. La prensa ingería sin pestañear los bulos más disparatados, los deglutía, y los devolvía convertidos en noticias, que a su vez alimentaban nuevas habladurías. Sometido a esta espiral, el público llegó a creer que el Cason llevaba también armas químicas y eventualmente una bomba atómica. Algunos afirmaron que la reacción en cadena era inminente, y que se percibían temblores de tierra y nubes tóxicas. Los niños (¿es que nadie piensa en los niños?) comenzaban a presentar llagas en la cara. El 10 de diciembre la angustia de la población local se convirtió en pánico decidido cuando algunos de los bidones del Cason, cargados con un compuesto de sodio, comenzaron a estallar al contacto con el agua, y decenas de vecinos de Cee, Corcubión, Finisterre, Muxía y Camariñas colapsaron las carreteras locales al intentar poner tierra de por medio. Mientras tanto la carga del Cason era desembarcada y transportada por tierra hasta la factoría de Alúmina-Aluminio (posteriormente Alcoa) de San Ciprián. Allí, contagiados por el estado de ánimo general, los 23 miembros del Comité de Empresa mostraron su rechazo a los bidones que se acercaban decretando la paralización total del trabajo, lo que provocó el enfriamiento de la planta de producción y con él pérdidas valoradas judicialmente en 14.000 millones de pesetas.  A continuación ellos mismos fueron despedidos. Veinte años más tarde insistirían en que el asunto del Cason presentaba puntos muy, muy turbios; en cuanto a su despido, había sido una mera maniobra para debilitar el poder sindical.

Sirva este episodio para sostener que es malo dejar que la histeria se propague y tome los controles.



[1] Un juez de Corcubión tuvo que practicar una prueba pericial para demostrar que era necesario el trabajo conjunto de dos hombres provistos de hachas durante varias horas para cortar el cable.
 

sábado, 7 de diciembre de 2013

WORLD WAR Zzzzz





Una súbita e incontenible epidemia convierte a los humanos en zombis rabiosos. A continuación la cosa empeora: la ONU se hace cargo de la situación. Es un buen recurso por parte del director: imaginarse a la humanidad dependiendo de, digamos, Kofi Annan, para evitar su extinción sobrecoge al espectador y lo deja pegado a la butaca. Resulta que Naciones Unidas ha conseguido hacerse con un portaaeronaves, y mientras las ciudades se colapsan está reuniendo en él a todos los cerebros mundiales capaces de hacer frente a la crisis. Son dos: un joven estudiante de Harvard, que muere a los cinco minutos de su primera aparición, y Brad Pitt, que es “investigador de las Naciones Unidas” (no hace falta decir más). Pitt va recibiendo instrucciones más bien vagas para averiguar de dónde ha surgido la epidemia (como por ejemplo, el primer caso ha surgido en la India: vete allí) De este modo pasa por Corea del Sur, donde, por no apagar el móvil, consigue que sea diezmado un grupo de operaciones especiales que había sobrevivido hasta ese momento, y por Israel. Los israelitas se habían enterado antes que nadie de la epidemia y se habían atrincherado construyendo gigantescos muros alrededor de las ciudades. En uno de los momentos más cómicos de la película los zombis que rodean Jerusalén, al escuchar a un grupo de refugiados que cantan algo parecido al “alabaré, alabaré”, se ven abocados a tal grado de paroxismo que consiguen asaltar las murallas.

Mientras tanto Brad Pitt ha dejado a su mujer e hijas en el portaaeronaves de la ONU. Su posición es precaria porque las plazas a bordo son limitadas y están reservadas para los altos dignatarios de la organización (un suponer, Bibiana Aído) Una pequeña digresión: Angelina Jolie debe de haber establecido ciertas condiciones para la participación de Pitt en la película, porque su mujer en ésta es la poco estimulante actriz que se pasa toda la serie The killing con cara de estreñimiento, y la compañera israelita que lo acompaña en sus andanzas resulta extrañamente parecida a un precog [1] recién salido de la piscina.

Desde Jerusalén Brad Pitt toma un avión comercial con destino a Cardiff, donde hay un centro investigador de la OMS (aparentemente él y el guionista ya se han olvidado de la India). El caso es que a mitad de vuelo un perro transmite la rabia-zombi a los pasajeros. Brad Pitt soluciona el incidente arrojando una granada en mitad del avión, que mata a los zombis, derriba el aparato y le causa a él un rasguño en la mejilla.

A partir de ese momento he sido incapaz de continuar viendo la película. Agradeceré por tanto que, para variar, sea algún lector el que me destripe el final.

Suyo afectísimo.


[1] Oh, vamos, este es un blog (también) de cine. Ver Minority report.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

PREAMBULO A UNA (POSIBLE) HISTORIA DEL PRESTIGE





‘Lo supe desde el primer momento’

La memoria es un palimpsesto*. Cabría pensar (y tendemos a hacerlo) que debiera de funcionar como un sistema de fichas que se van cumplimentando en cada momento de la vida y archivándose cronológicamente. De este modo si quisiéramos recuperar los recuerdos de un momento determinado (qué pensábamos, qué sabíamos, cuál era nuestra visión del mundo en ese momento) bastaría con acudir al archivador adecuado y localizar la ficha en cuestión. Pero no es así la cosa.

La memoria, como el resto de nuestras interpretaciones de la realidad, es reducida a un relato simplificado con ciertas limitaciones: todos los hechos están unidos por vínculos causales sencillos y directos, el papel de las actuaciones humanas es decisivo, y el azar despreciable. Pero este relato de la memoria se va reescribiendo con los nuevos hechos que conocemos. De este modo la memoria de un hecho lejano está ‘contaminada’ por nuevos sucesos ocurridos con posterioridad. La memoria es, pues, dinámica, y por esa misma razón su fiabilidad es limitada. Estamos poco preparados para reconstruir, de acuerdo con ella, cual era nuestro punto de vista en un momento pasado, porque somos incapaces de obviar la información recibida con posterioridad.

El ‘sesgo retrospectivo’ de nuestra memoria fue descrito en 1972 por Baruch Fischhoff y Ruth Beyth. Con motivo del anuncio de la visita de Richard Nixon a China, la primera de un dirigente occidental al país comunista, Fischhoff y Beyth pidieron a sus alumnos que rellenaran un cuestionario de quince preguntas con su predicción acerca de asuntos relacionados con el viaje (si Mao se reuniría con Nixon, si Estados Unidos concedería estatus diplomático a China, etc.) Finalizado el viaje volvieron a reunir al grupo y pidieron a sus integrantes que recordaran cuáles eran las probabilidades que habían asignando a los distintos desenlaces posibles (desconocidos inicialmente pero conocidos en el momento de realizar el segundo test). Invariablemente en todos los casos la memoria se había alterado al incluir los nuevos datos, y así todos ellos modificaron inconscientemente sus predicciones previas: si un hecho había tenido efectivamente lugar, la probabilidad que ‘recordaban’ haberle asignado era mucho mayor, y a la inversa. Fischhoff bautizó este mecanismo como ‘lo supe desde el primer momento’.

Este funcionamiento de la memoria es inmisericorde con los que toman decisiones, políticos y gestores. Puesto que juzgamos las actuaciones pasadas, no con los datos que teníamos en ese momento, sino también con los que conocemos en el momento de emitir el juicio, tendemos a evaluarlas de acuerdo con el resultado que han producido. De este modo minusvaloramos el mérito de las decisiones que han resultado acertadas (porque vistas retrospectivamente nos parecen obvias), y cuando las actuaciones han producido malos resultados somos incapaces de reconocer que tal vez fueran la que tenían más probabilidades de éxito (porque lo que vemos es, precisamente, que salieron mal). En noviembre de 2002 se hundió el petrolero Prestige y provocó una grave contaminación. Se tomaron decisiones, quizás acertadas, quizás erróneas, pero que en todo caso fueron juzgadas retrospectivamente con datos que no se tenían en el momento de tomarlas.

Algo sobre el chivo expiatorio

El filósofo Rene Girard demostró que, ante una crisis grave, todos los grupos humanos necesitan imperiosamente encontrar un culpable. Es un fenómeno que todo padre e hijo han podido experimentar si, colgando un cuadro, el primero se ha aplastado un dedo con un martillo mientras el segundo se hallaba cerca. De modo similar el grupo necesita alguien al que imputar el daño que lo amenaza, canalizar hacia él su frustración y odio, y, tras eliminarlo, recobrar la tranquilidad y la paz dentro de la unanimidad tribal. Obviamente el culpable escogido no tiene por que serlo efectivamente, y de hecho casi nunca lo es, Los mecanismos que sirven para designar al chivo expiatorio no son racionales ni detectivescos, sino que se basan en la presencia de ‘signos victimarios’ (en terminología de Girard) con los que está teñido de antemano.

Girard ha estudiado el fenómeno del chivo expiatorio a conciencia, pero también percibimos en él algunos de los mecanismos psicológicos descritos por Kahneman. Uno de ellos está relacionado con las ya mencionadas limitaciones del relato: en él los hechos decisivos son siempre debidos a la actuación de las personas. Y detrás de una amenaza especialmente grave, tiene que haber un culpable especialmente malvado, apto para provocar un odio de especial intensidad (en realidad la secuencia está invertida: es el odio despertado el que conjura a la víctima). Pero también está la sustitución: cuando no sabemos cómo responder ante algo complicado contestamos algo más sencillo. El chivo expiatorio es un caso claro de sustitución: la masa no sabe cómo conjurar realmente la amenaza, así que se conforma con destruir a alguien que pasaba por allí a quien arbitrariamente culpa de ella. La amenaza no desaparece así (a veces lo nace por otras causas o por el mero transcurso del tiempo) pero la turba cree que ha hecho algo útil para remediarla.

Las sociedades modernas deben estar constantemente en guardia para prevenir el desencadenamiento de estos mecanismos victimarios, y lo menos que se puede exigir a unos gobernantes civilizados es que no los alienten. Históricamente para el papel de chivo se ha escogido al de fuera del grupo, al extraño, al extranjero, al diferente. A fin de cuentas este es un fenómeno desarrollado para mantener su cohesión. Pero en la política española rige una asimetría especial que ha convertido a los partidos de derecha en especialmente aptos para ser marcados con estigmas victimarios siendo así designados como chivo expiatorio. Este fue el hallazgo de nacionalistas y socialistas en 2002. Las protestas en torno al Prestige fueron un ensayo exitoso. A partir de ese momento, la estrategia de José Luis Rodríguez Zapatero consistió en azuzar la indignación de la masa, enfocarla hacia el PP y organizar linchamientos controlados (linchamiento, escrache y chivo expiatorio son facetas de un mismo fenómeno). Eso, y no otra cosa, fueron las virulentas manifestaciones en contra de la guerra de Irak. También en este caso podía discutirse si la decisión de apoyar políticamente (no militarmente) a Estados Unidos y el Reino Unido en la guerra contra Saddam Hussein fue errónea o acertada, pero esta discusión racional no existió: se trasladó desde el ámbito de la argumentación al de las emociones furibundas. El proceso culminaría en los días posteriores al atentado del 11 de marzo de 2004, y acabaría llevando al poder a Zapatero. Pero ni siquiera entonces acabó. Continuó, por ejemplo, mediante la promoción de la ‘Memoria Histórica’, una reconstrucción maniquea del pasado (bajo apariencia virtuosa) en la que los papeles yinyang atribuidos a la izquierda y la derecha (a los que se asignaba una continuidad histórica en el presente) convertían a la última en algo perfectamente idóneo para canalizar el rencor de la primera.

Nos queda un triste consuelo: nosotros, al menos, sí sabemos cuándo se jodió nuestro Perú. Fue en 2002, cuando políticos sin escrúpulos decidieron que el cultivo de los impulsos más destructores de la masa era aceptable para alcanzar el poder. A partir de 2002, a partir del Prestige, la derecha española pasó a desempeñar el papel de chivo expiatorio de la sociedad, y se convirtió así a la mitad de los españoles en el receptor de la ira de la otra mitad. Desde esta perspectiva denominaciones tan siniestras como la de ‘cordón sanitario’ resultan extremadamente significativas. Quizás en el futuro pueda verse con mayor claridad la magnitud de la irresponsabilidad que supuso someter a una sociedad a tal tensión. ¿Mereció la pena? Bueno, conseguimos ocho años de Zapatero.

La “nube acusatoria”

Un último apunte sobre el método acusador empleado por los políticos y medios de comunicación (cuyo papel, lógicamente, fue decisivo). Ante la evidencia de que ni Aznar capitaneaba el Prestige ni era su propietario, a la hora de culpabilizar al PP de la marea negra producida por su hundimiento la acusación directa resultaba inútil. Se recurrió, por tanto, a lo que llamo (a falta de un nombre mejor) “nube acusatoria”. Esta acusación es de apariencia imponente pero carente de solidez, y se forma por la mera agregación de denuncias, sin necesidad de que éstas estén fundamentadas ni de que exista coherencia (ni lógica) entre ellas. Para el que la emplea la acusación en nube presenta notables ventajas frente a la acusación directa de hechos concretos. Para empezar, no se puede demoler mediante argumentos: cuando cualquiera de las denuncias concretas es disipada el resto se expande para ocupar su lugar y la nube conserva su apariencia imponente. Es más podrían ser destruidas todas y cada una de las denuncias que la componen y la indignada nube continuaría impertérrita en su vacuidad. Es un método de acusación que admite una defensa difícil, ante la que el PP, que parece sufrir una seria patología en la comunicación, se vio completamente desbordado.

* Palimpsesto: Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir.

viernes, 8 de noviembre de 2013

VIDA Y COLONOSCOPIA



La eternidad está en las cosas
del tiempo, que son formas presurosas
J.L. Borges

A comienzos de los 90 Daniel Kahneman [1] y Don Redelmeier hicieron un estudio sobre la experiencia de los pacientes sometidos a una colonoscopia. En esos momentos se trataba de un proceso muy desagradable y doloroso (actualmente atenuado por la aplicación rutinaria de anestésicos) de duración variable en función de las necesidades de la exploración. En el experimento, cada 60 segundos se pedía al paciente que dijera el nivel de sufrimiento que estaba padeciendo en ese momento referido a una escala  de 0 (ningún dolor) a 10 (dolor insoportable), y el resultado se trasladaba a un gráfico cuyo eje vertical representaba la escala de dolor y el horizontal el tiempo. El siguiente gráfico muestra el ejemplo de 2 pacientes:

 

¿Cuál de estos pacientes lo pasó peor? Parece lógico que para evaluar el sufrimiento total padecido por el paciente sumemos el que experimentaba en cada momento. El resultado estaría representado por el área rayada, y así todo parece indicar que la experiencia del paciente B tuvo que ser mucho más traumática: ambos pacientes experimentaron un pico máximo de sufrimiento similar (alrededor de un 8) pero el proceso de éste último fue mucho más largo y con más momentos de alto dolor.

Finalizadas las exploraciones, Kahneman y Redelmeier pidieron a sus pacientes que realizaran una evaluación global del sufrimiento padecido, y los resultados fueron sorprendentes: la evaluación global a posteriori (es decir, la memoria del sufrimiento padecido) no coincidía en absoluto con el sufrimiento registrado mientras se estaba padeciendo.

Todo parece indicar que en el recuerdo del dolor padecido hay dos factores decisivos:

a)       El valor determinante para evaluar el sufrimiento global no es la suma del sufrimiento en cada momento (el área rayada); tampoco el pico máximo de dolor; tampoco el número de picos dolorosos. Es un promedio entre el pico máximo y el dolor experimentado al final de la prueba.

b)       La duración total de la experiencia es poco relevante.

Con estos datos, no resulta extraño que el paciente B calificara su experiencia como menos dolorosa que el paciente A. Obsérvese que el primero experimentó un pico de dolor superior a 6 al terminar la prueba, mientras que el paciente A, cuyo proceso había sido mucho más largo, lo finalizó con un nivel bajo de dolor (en torno a 1). El final condiciona la evaluación a posteriori en ambos casos.

De sus investigaciones Kahneman concluye que en la evaluación de las experiencias existe un conflicto entre dos seres: el yo que tiene experiencias y el yo que recuerda. En el experimento, ‘el yo que experimenta’ fue registrando puntualmente su situación en cada momento. Pero el ‘yo que recuerda’ sacó sus propias conclusiones. Y los datos proporcionados por uno y otro no coinciden.

Este ‘yo’ disociado no aparece en la persona únicamente cuando se le inserta un tubo por el recto, sino en todas las facetas de la vida. El yo que tiene experiencias es el ser fugaz que vive en el torrente del tiempo; el yo que recuerda es el encargado de crear un relato perdurable sobre la persona. También es este último el que formula anhelos de estabilidad, atesoramiento y eternidad, que son incompatibles con la naturaleza del ser en movimiento que tiene experiencias. Es el funcionamiento de ambos lo que evoca el poema de Borges que abre la entrada.

El experimento de Kahneman y Redelmeier pone de manifiesto que existen disfunciones en el trabajo del yo constructor del relato. Para empezar, como hemos visto, su relación con el yo que tiene experiencias no es del todo estrecha, y sus conclusiones difieren notablemente. Pero además, en la construcción del relato de la vida parece estar sometido a los mismos sesgos (las mismas reglas de estilo, podríamos decir en este caso) que en el recuerdo de las colonoscopias: ignora la mayoría de los momentos concretos, desprecia la duración total y sobrevalora el final, que en el caso de la vida siempre es el mismo.  Expongo, pues, esta intuición: una mayor armonización del funcionamiento de ambos ‘yo’ permitiría disipar la perplejidad ante la muerte y posibilitaría una existencia más plena.


[1] Daniel Kahneman. Pensar rápido, pensar despacio.




lunes, 4 de noviembre de 2013

HOMICIDA VIDENS




Hace 27 años se encargó personalmente del asesinato de más de mil personas. Ahora, con el pelo blanco y una festiva camisa de colores, muestra a la cámara uno de los escenarios habituales de la matanza. Al principio, cuenta, acuchillaban a las víctimas, pero se derramaba mucha sangre que producía un olor desagradable, y que había que limpiar después. Entonces diseñó un mecanismo para estrangularlas: un largo alambre fijado a un poste que, provisto de un mango de madera en el extremo libre, permitía al asesino aplicar la fuerza necesaria. Orgullosamente muestra la técnica, y representa uno de sus crímenes usando a su acompañante en el papel de víctima. En todo momento la conversación es distendida. El es un hombre feliz al que le gusta la música y bailar, y lo demuestra al espectador improvisando un chachachá en la escena del crimen. Más tarde contemplará la secuencia en su casa, sentado apaciblemente ante el televisor con su nieta, que contempla los manejos de su abuelo con el alambre.

Al revivir sus andanzas el asesino no ha mostrado el menor remordimiento, la menor turbación, el menor pudor. Sus compañeros se muestran igualmente inmunes. Pero ¿puede realmente un asesino arrepentirse? Previamente tendría que sentir repugnancia por lo que ha hecho. O, con más frecuencia, percibir el rechazo de la sociedad. Pero con respecto a lo primero Milgram nos enseñó que a las personas normales no nos causa un gran problema causar sufrimiento a otras. Y además disponemos del ajuste de disonancia, ese mecanismo psicológico por el cual deformamos la realidad hasta hacerla confortable. Así se pudren las personas. También las sociedades (definición: una sociedad esta podrida cuando en ella florecen personas como el asesino). De hecho, en esta película el retrato más insoportable es el de la sociedad indonesia. Los personajes que desfilan por la pantalla (periodistas, miembros del gobierno, funcionarios, locutores de televisión...) relatan los crímenes pasados con la misma naturalidad que el asesino protagonista. Así aprendemos por un paramilitar (en activo) que, si bien violaban a todas las mujeres ‘comunistas’, las más codiciadas eran las de catorce años. “Esto puede ser el infierno para ti, pero sin duda será el cielo para mí”, decía a las niñas. Mientras un editor afirma que los comunistas “con un guiño estaban muertos”, y la locutora de un programa televisivo, con el tono convencional de cualquier programa de entretenimiento de cualquier televisión, explica que los asesinos “desarrollaron un sistema mucho más eficiente para exterminar comunistas (aplausos del público); era más humano y menos sádico, y evitaba una violencia excesiva”. Quizás, sin embargo, el momento más nauseabundo sea éste. Un vecino del asesino, exiliado e hijo de un comunista, se presta para aportar su testimonio. ¿Se atreve, pues, a enfrentarse a los asesinos? Pues no. Entre una sobreactuación de risas cuenta como llegaron a su casa a las tres de la madrugada y se llevaron a su padrastro. El tenía entonces trece años, dice sin dejar de reír, y su familia estaba aterrorizada. Al día siguiente lo buscaron por el barrio hasta encontrarlo muerto bajo un bidón. Lo encontraron, cuenta entre carcajadas nerviosas, porque un pie asomaba al exterior. Nadie se atrevió a ayudarlos, y tuvieron que arrastrarlo entre él y su abuelo al cementerio.


Más adelante el asesino vuelve a pasearse por la misma escena del crimen del comienzo, pero las cosas parecen haber cambiado. Para empezar, se ha teñido el pelo de negro. Y va provisto de un traje de chaqueta. Ahora pasea circunspecto por el lugar, como sumido en profundas reflexiones. Emite algunas vaguedades, parece contrito, y finalmente parece sufrir un ruidoso ataque de nauseas, aunque no desemboca en vómito. No parece probable que los remordimientos, ausentes durante los 25 años transcurridos entre la matanza y la primera escena descrita, hayan surgido inopinadamente entre ésta y la segunda. Obviamente, el asesino está actuando, y ha percibido que el dramatismo de la situación se acentúa si el protagonista trasluce emociones profundas. En este punto resulta evidente que para él lo importante no son los crímenes, sino su película. Y al igual que el homo videns de Sartori es incapaz de percibir nada más allá de las imágenes.

En realidad toda su vida ha sido predominantemente audiovisual. Con frecuencia cometía sus crímenes tras salir del cine, y la película condicionaba su actuación en ellos. Por ejemplo, si había visto una película de Elvis, la víctima asistía a su muerte entre cantos y bailes de su asesino. Pero su principal fuente de inspiración eran las películas americanas de gangsters. Él y sus compañeros lo eran (en indonesio fréman, de free man) tendían a hablar y comportarse como ellos, e incluso el asesino se anima a decir que su máxima inspiración fue Marlon Brando. Si se refiere a El Padrino esta influencia no era posible: la película se rodó años después de sus crímenes. Pero cuando el asesino construye la película de su propia vida se puede permitir ciertas licencias. En cualquier caso posee una evidente cultura cinematográfica occidental, y por eso puede conectar con el espectador occidental. Así ocurre en la escena de las nauseas: el desasosegado espectador puede interpretar que el asesino está finalmente arrepentido, lo que le devuelve cierta humanidad, y esto le devuelve la tranquilidad.

Pero resulta que el asesino es indonesio, y cuando en su relato se impone el gusto local el espectador occidental queda desconcertado. Ahora la escena muestra al asesino reconciliándose con dos de sus víctimas. Están ensangrentadas, y llevan al cuello los alambres con los que fueron estranguladas. Emocionadas, extraen una gran medalla con la que condecoran al asesino por “haberlos mandado al paraíso”. Y otra secuencia representa la expiación del asesino. Se encuentra delante de una cascada, en un paisaje maravilloso. Suena la música de Born free, y el asesino está acompañado por bailarinas de variedades y por su compañero de crímenes... ¡disfrazado de drag-queen!



El efecto es grotesco y siniestro para el occidental, pero obviamente no para ellos: se trata de una mera discordancia cultural. Ellos no se están burlando: sencillamente tienen mal gusto. En circunstancias similares un asesino español jamás habría optado por ese formato, sino tal vez por algo parecido al “Diario de Patricia”, abrazándose con el familiar de alguna víctima en una exhibición de sentimientos imitados de alguna otra película.

¿Banalidad del mal? Sí, también. Los asesinos que aparecen en la pantalla son primitivos y planos, incapaces de proferir nada más que lugares comunes. Han conseguido una relevancia que no les corresponde a fuerza de asesinar. También han conseguido ser protagonistas de una película. De dos, en realidad: la suya, una historia kitsch de gangsters, y la que recibe el espectador gracias a Oppenheimer, en la que aparecen como sangrientos bufones. Posiblemente por la primera darían por buenos sus asesinatos.

The act of killing. Joshua Oppenheimer. 2012.

 

lunes, 28 de octubre de 2013

EPÍLOGO: DE SABINO A KRUTWIG


Para terminar este recorrido, parece conveniente hacer una mención al hilo que conecta el odio racial sembrado a conciencia por Sabino con la organización criminal que lo llevará a la práctica. Y para ello traemos a un curioso ideólogo: Federico Krutwig (1921-1998). De ascendencia vasco-alemana, en 1963 escribe Vasconia [1], un libro que para algunos autores representa un aporte ideológico fundamental para ETA en el momento de su nacimiento [2].

Lo realmente interesante de Krutwig es que permite observar con total nitidez cómo son las emociones las que determinan la ideología. La comparación de Krutwig con Sabino enseña que los potentes impulsos tribales se han mantenido básicamente inalterados, y que lo único que ha variado es su justificación ideológica, que está sometida a la moda. Por eso las teorías de Sabino y Krutwig parecen distintas, pero los instintos que subyacen y las provocan (el deseo de pertenencia, la tentación de disolución individual en la masa, el afán de exclusión y el odio al extraño... ) se adivinan idénticos. Sencillamente, las justificaciones racistas de Sabino dejan de ser admisibles en la Europa posterior a Hitler, y Krutwig se ve obligado a pergeñar las suyas propias. El resultado es una empanada marxista-anarquista de difícil digestión, basada en la etnia, la lengua y la revolución.

Aunque en realidad ni siquiera por consideraciones de etiqueta consigue Krutwig abandonar el planteamiento racista:

“Un racismo eugenésico es muy deseable para nuestro pueblo y el combatirlo sería una desgracia para los vascos (...) Un racismo vasco que no quiera mezclar la propia sangre con gentes de tez oscura, de talla pequeña, y de cualidades físicas inferiores, en tanto que éstas deriven claramente de condiciones previas raciales, es un noble sentimiento que todo nacionalista vasco debería hacer suyo. No se trata de perseguir a otros pueblos y razas sino de mejorar la propia composición, de protegerse contra la mezcolanza y la mulatización, no permitiendo la mezcla de sangre con elementos africanos o africanoides.

“Una mezcla de vascos con elementos negríticos desvirtuaría la raza vasca, y difícilmente se podrá tratar de vasco a un negro”

Esto escribe en 1963 en Vasconia. Cuando en 1978 produce Garaldea la etiqueta antirracista parece haberse atenuado notablemente:

“Si consideramos las proposiciones de la Teoría de Woelfel [3] (...) veremos que, contrariamente a los ‘aryanistas’ e ‘indoeuropeistas’, supone que los CREADORES DE TODA LA CULTURA EMPIRICA EUROPEA son los pueblos megalíticos, que él supone estar emparentados con los guanches y con los vascos, siendo hoy en día, desde un punto de vista étnico, UNICAMENTE los vascos los descendientes de aquel pueblo creador de toda la cultura. [4] (las mayúsculas son de Krutwig, las negritas mías)

La idea de los pueblos creadores de cultura proviene directamente de la corriente Völkisch en la que se desarrolló el nazismo. Distinguía entre creadores, imitadores y destructores de cultura, siendo (obviamente) los primeros los arios y los últimos los judíos. Krutwig no niega esta distinción como arbitraria, estúpida o peligrosa, sino que se limita a desplazar el papel de creadores desde los arios hasta los vascos, emparentados con los guanches para la ocasión. El resto, sostiene Krutwig, son meros parásitos:

“Hoy en día muchos investigadores se dan cuenta (de) que (...) la mayor parte de los hombres del siglo XX están en un estadio mucho más primitivo y subdesarrollado que los agricultores y creadores de cultura del Neolítico, que aparecieron en algunas restringidas partes del Universo (sic). A estos grupos restringidos... y en realidad deberíamos decir las cosas claramente UNICAMENTE A ELLOS, les debemos todo el progreso CULTURAL y MATERIAL de la entera Humanidad. El resto de la Humanidad han sido, como también pasa hoy en día, parásitos que se han beneficiado del esfuerzo mental de unos pocos. Y les guste o no a los descendientes de los parásitos, aún hoy en día vemos que son unos pocos hombres quienes producen la cultura y el progreso, mientras que el resto de la humanidad (esta vez en minúscula) tan solo son APROVECHADORES DEL ESFUERZO MENTAL AJENO” [4] (las mayúsculas son de Krutwig, lo que está entre paréntesis mío)

No es la única relación de Krutwig con el Völkisch. En lo religioso, aspecto en el que se aparta del fundamentalismo católico de Arana, se inclina hacia el ocultismo y hacia el teosofismo, la doctrina creada por la medium Madame Blavatsky. Además recoge el mito Völkisch de la Atlántida como origen de la raza escogida (antes los arios, ahora los vascos).


En todo caso, apartada ligeramente la raza por cuestiones de imagen Krutwig se centra en la etnia, entendida como un cóctel de lengua, costumbres, instituciones, folklore y raza. La etnia es, para Krutwig, un ser vivo con conciencia y voluntad, a cuyo bienestar deben ser supeditados los intereses de las personas. El ingrediente esencial de la etnia es la lengua:

“No hay duda de que un vasco castellanizante, por muchos apellidos que lleve y por mucha conciencia independentista vasca que posea, si no domina el euskara y no lo emplea corrientemente, es menos vasco que un euskaldun que se sirva de esta lengua, por más que no tenga ni un solo apellido vasco.”

La importancia de la lengua deriva de ser el molde que prefigura la razón: no es una herramienta aséptica para la materialización del pensamiento, sino que condiciona decididamente éste. Y como era previsible el vasco resulta ser idioma más apto para que se exprese la libertad, mientras que el español y el francés son los cauces perfectos para que circule los pensamientos tiránicos:

“El euskara era el símbolo de la autonomía y fraternidad libertaria (...) El castellano suponía el régimen del explotador”

“Desapareciendo el euskara moría el espíritu indomable que animaba toda nuestra libertad, toda nuestra organización comunitaria y libre del país. No es de extrañar que la opresión, la tiranía hablase en castellano y francés”

“La lengua vasca era incompatible con la expoliación a manos de la burguesía, son dos cosas en desacuerdo”

La explotación en vasco se convierte así en algo lingüísticamente imposible. Para el padre Astarloa la lengua vasca era la hablada en el Paraíso; también para Krutwig es la más idónea para el Paraíso... socialista.
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Dadas sus profundas afinidades emocionales no es de extrañar que Krutwig hable de Sabino con veneración, dirigiéndose a él en términos como “Maestro” y “mártir de Abando”. Continuemos con el estudio comparado de ambos autores, y viendo cómo sus emociones compartidas se expresan de manera distinta atendiendo a las exigencias de la moda intelectual del momento. Por ejemplo ambos comparten una visión idílica del pasado, pero mientras la de Sabino es bucólica la de Krutwig ha pasado por las corrientes marxistas. También por los anarquistas Proudhon y Kropotkin, de quienes espolvorea citas por su obra, vengan o no a cuento, como si se tratara de azúcar glas. El resultado es singular:

“Una sana base de la sociedad era la que existía en Vizcaya antes de la usurpación y la ocupación militar por parte de las fuerzas españolas, en que existía un régimen político propio, sui generis, que podría llamarse de (sic) comunismo federalista, que solamente vivía, como decía Kropotkin ‘por la constante cooperación de todos’”

“El estado es, en general, siempre un instrumento de la opresión al servicio de las clases dominantes, cuando tales clases existen, claro está. La organización estatal vasca no desempeñaba tal función puesto que la estructuración jurídica de Vizcaya, Guipúzcoa, Laburdi y Álava, especialmente, aunque no pueda excluirse al resto de los estados vascos, carecía de clases oprimidas, y el estado era la federación de comunas”

Y el análisis es similar en el resto de los asuntos. Ya hemos visto que para Chaho las guerras carlistas no eran más que guerras de independencia vascas. Para Krutwig se trataba de guerras nacional-revolucionarias en las que los carlistas eran... comunistas:

“Frente al principio que proclamaba en lengua castellana la libertad del individuo y entregaba a éste a la explotación capitalista, se levantaba el principio de la comunidad euskaldun, defendido por el comunista ‘txapelgorri’”

En este contexto Zumalacárregui queda convertido en un revolucionario de izquierdas: “No es extraño que los verdaderos defensores de la libertad y de la igualdad (...) fueran aquellos guerreros (...) a las órdenes de Tomás de Zumalacárregui (...) Ellos eran los guerrilleros de la libertad, la explosión del sentimiento libertario”
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El ámbito geográfico de la Vasconia de Krutwig es mucho más ambicioso que el de Sabino, para quien la cosa acababa en el Ebro. El resultado será un país decisivo en el panorama internacional:

“Solamente la existencia de Estados como la futura Vasconia reunificada podrá aportar una solución duradera a las nuevas condiciones sociales de la Era atómica

Por el oeste incluye prácticamente toda la provincia de Santander; por el suroeste abarca la burgalesa comarca de La Bureba. Esto plantea algunos problemas: “El hecho de estar anexionado a la provincia de Burgos hace que gran parte de la población haya perdido su conciencia nacional y se crean burgaleses”

Un despiste explicable, porque según Krutwig España ha colonizado Vasconia tan exhaustivamente que muchos se han olvidado de que son vascos: “La primera fase de la desnacionalización efectuada en aras del colonialismo que practica España en Vasconia ha tenido lugar en los territorios de la Euskaria irredenta, que fue donde primeramente esta política de genocidio fue llevada con más saña. Las tierras de La Rioja, Moncayo, Bureba, Montaña y Huesca pronto perdieron la savia vivificadora a través de la castellanización.”

Fiel a esta visión la Vasconia de Krutwig fagocita la Rioja y la mitad de Soria. Hacia el este absorbe Aragón. Y en el norte penetra decididamente hasta el río Garona y se queda sin complejos con toda Aquitania. Con ello descubre que la poesía de los trovadores es un invento vasco: “Su fondo es el matriarcado vascón con su amor libre (...) Sin un fondo vascón no son comprensibles esos juicios de las damas que tan en alto ponían el amor libre y que con toda justeza juzgan y dan razón al adulterio (...) Los vascones no tenían esa idea de la propiedad, no conocían el adulterio” En ese momento Krutwig se abandona a melancólicas ensoñaciones eróticas (en detrimento de la sintaxis) y recuerda anhelante las hazañas de Guillermo VII, duque de Aquitania (y por tanto vasco) que “se lió con dos domnas (sic) prudentes, en las que (sic) una vez que estuvo a solas con ellas llevó a cabo sus proezas amorosas, durante ocho días.”

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Sabino ha dedicado mucha atención a los parásitos maketos que han llegado para robar a los vascos sus trabajos. Krutwig traslada la condición parasitaria al resto de España, que vive como una sanguijuela de robar a los vascos:

“Así como es contrario a toda norma de justicia que una sociedad tenga que alimentar a elementos parásitos, no lo es menos que un pueblo trabajador tenga que estar sometido a un estado que lo explota (...) en beneficio de una casta o de un grupo étnico parásito, tal y como sucede con los vascos, explotados y robados del fruto de su trabajo en favor de una etnia cuya filosofía nacional desprecia el trabajo.”

"El problema que supone para Euzkadi la injusticia de tener que soportar un país subdesarrollado como es España, es un insulto a toda norma de convivencia entre los pueblos. No hay límites ni palabras con que calificar esta opresión, a manos de un militarismo y feudalismo estrujadores, que en su tierra tan sólo alaban el dolce farniente, no cabiéndoles otra deshonra que el trabajo. No se comprende por qué ley de justicia (a no ser la del avasallamiento colonial) tengan que mantener los vascos a un pueblo de zánganos de profesión y explotadores tanto más cuando las mismas clases explotadas, en tanto se trata de la opresión del pueblo de Euskeria, hacen causa común con sus castas feudales y militaristas para atacar los derechos de la nación vasca. Se trata de una ignominiosa opresión en Europa."

El mito ‘España nos roba’ tendrá una proyección duradera en el tiempo.
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También en Krutwig, como en el caso de Sabino, surge el problema de los vascos no nacionalistas, aquéllos que no comulgan con su visión. ¿Qué ocurre con los vascos que no creen en el mensaje etno-lingüístico-revolucionario de Krutwig? Pues esos son como los maketófilos del mártir de Abando:

“No hay duda de que, al igual que hay proletarios que son reaccionarios, hay vascos que son españolistas o afrancesados. Se trata de excreciones cancerosas que produce la naturaleza.”

“La sociedad de burgueses bilbaínos (favorable al liberalismo) nada tenía que ver con el espíritu del pueblo vasco. Era un cáncer desarrollándose en un cuerpo sano. La excreción cancerosa, que concentraba en torno al Nervión a masas humanas extrañas al país, era tan enemiga del pueblo vasco como las células enfermas son en el cuerpo vivo del hombre sano.”

Las personas que se ponen en el camino de la etnia quedan así convertidas en células cancerosas. Y contra ellas sólo caben medidas terapéuticas. Porque en Krutwig permanece intacto el odio de Sabino. Pero sus resonancias son más cercanas, más familiares y por tanto aún más siniestras. Se expresa especialmente en la parte de Vasconia llamada Bellica:

"El pueblo vasco, no solamente tiene derecho a levantarse en armas para oponerse a la desnacionalización por parte de España y Francia, sino que se trata de un deber moral el que se oponga a la deshumanización hecha por vías del Estado opresor. Es una obligación para todo hijo de Euskalherria oponerse a la desnacionalización. aunque para ello haya que emplearse la revolución, el terrorismo y la guerra. El exterminio de los maestros y de los agentes de la desnacionalización es una obligación que la Naturaleza reclama de todo hombre. Más vale morir como hombres que vivir como bestias deshumanizadas por España y Francia."

Krutwig inventa el término plastikolari para designar al terrorista provisto de explosivos, arma esencial en su ‘guerra de descolonización’. En esta materia, en la que puede canalizar a gusto su odio, Krutwig queda perfectamente expuesto:

“No se deberá nunca dejar lugar a dudas de que todo policía o militar enemigo es un objetivo de nuestra actividad guerrera. Los policías que hasta hoy han torturado a los detenidos vascos deberán ser pasados por las armas o degollados. En estos casos es recomendable siempre que se pueda emplear el degüello de estos entes infrahumanos. No se debe tener para ellos otro sentimiento que el que se posee frente a las plagas que hay que exterminar. Cuando ello no represente un peligro para el guerrillero. Estos torturadores deberán ser eliminados por medio de tortura. Si las fuerzas de ocupación siguieren con sus medidas de tortura no se deberá nunca dudar en el empleo del retalión para exterminar a los familiares de los torturadores.

Dejemos aquí a Krutwig, en el momento en que lo siniestro empieza a ocultar lo ridículo. Y terminemos aquí esta historia.

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Notas

[1] La mayoría de las citas de este capítulo pertenecen a Vasconia, salvo unas pocas, que indicaré expresamente, que corresponden a Garaldea.

[2] Antonio Elorza defiende esta influencia decisiva. No así Jon Juaristi, aunque afirma que “las ideas fundamentales de (Vasconia) ya eran moneda corriente entre los nacionalistas de mi generación”. Por lo tanto, incluso en este caso, parece razonable usar a Krutwig como exponente del estado del pensamiento de Sabino en esa época.

[3] En Garaldea Krutwig se apoya en un estudio del etnólogo austriaco Dominik Woelfel (1888-1962). En Canarias, el inesperado papel protagonista otorgado por Woelfel a los guanches causó cierto entusiasmo en la universidad, sector habitualmente sensible a las afecciones nacionalistas. En 1941 le fue ofrecida una plaza en la universidad de La Laguna aunque no llegó a ocuparla, y en 1960 se le concedió un doctorado honorario en esa misma universidad. Por su parte Garaldea recibiría la atención del grupo terrorista canario MPAIAC.

[4] Garaldea.

Imágenes: 1) Federico Krutwig. 2) Madame Blavatsky; 3) Mapa de la Vasconia expandida de Krutwig. 3) Trovador vasco en acción.

viernes, 18 de octubre de 2013

AMOR Y ORGANILLOS



 

En general Sabino no tiene una gran opinión de las mujeres:

”La mujer, pues, es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana: por eso fue ella la que primeramente cayó. Pero por eso precisamente de ser inferior al hombre en cabeza y en corazón, por eso el hombre debe amarla: ¿qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carga, e instrumento de su bestial pasión: nada más. La mujer necesita de la protección del hombre, de su tutela; como el hombre necesita de la compañía de la mujer.”

Pero en 1899 se echa novia. La elegida, Nicolasa de Achicallende, reúne muchos méritos para haberlo cautivado. Para empezar es una aldeana. Sabino, admirador del Peru Abarca [1] de Juan Antonio Moguel sabe que en el campesino vasco permanecen intactas las virtudes no corrompidas de la raza. Además es de Busturia, lugar de nacimiento de Jaun Zuría, el héroe vizcaíno que les dio una buena lección a los leoneses/españoles en Arrigorriaga. Sabino no es estrictamente un campesino, pero cerca de allí, en Pedernales, tiene su segunda residencia. Y sospecha que puede ser el nuevo Jaun Zuría, el libertador de los vizcaínos de la insoportable opresión de los maquetos. Todo confluye, pues, hacia ese enclave mágico donde se encuentra su amada.

En cualquier caso su noviazgo no es bien visto por sus compañeros de partido, que si bien saben como Sabino que las campesinas vizcaínas son las depositarias de las esencias vascas, creen que casarse con una de ellas es llevar las cosas demasiado lejos. En realidad Sabino tampoco las tiene todas consigo, pero por una razón distinta: le preocupa que Achicallende no sea un apellido lo suficientemente vasco.

“Me ha dado bastante que pensar el apellido de mi amada, con ser aldeana y todo. Es un apellido único en Vizcaya, que sólo allí existe: Achica-Allende.”

Tras múltiples argumentaciones consigo mismo Sabino decide que Achica es decididamente vasco, y que lo de Allende es un añadido para distinguir el caserío de su amada de aquel de Achica de abajo. Queda así muy reconfortado:

“con este motivo son ya 126 los apellidos de mi futura esposa que tengo hallados y puestos en cuadro sinóptico o árbol genealógico: todos ellos son euskéricos”.

Y termina sabiamente: “procuraré suprimir el Allende”.

No es, en cualquier caso, el Fundador quien inicia la práctica vasca del camuflaje de apellidos sospechosos. Su hermano Luís, tras involucrarse sentimentalmente con la zaragozana Josefa Egüés Hernández, cocinera en casa de sus padres, le ha cambiado los apellidos por Eguaraz Hernandorena. Y tampoco es la primera vez que Sabino se ha metido a cambiar nombres. En noviembre de 1897 ha comunicado a su buen amigo Kondaño:

“Y a propósito tengo que darte una mala noticia: (...) Ya, en vez de Aingeru, te llamas Gotzon

Volviendo al proyecto matrimonial de Sabino, el caso es que tampoco los vecinos de Busturia están contentos con el asunto. Todo parece indicar que, en su rusticidad, creen que Sabino es un señorito de ciudad que pretende aprovecharse de su paisana. Las murmuraciones finalmente llegan a extremos intolerables:

“Y aún aseguran (esto ya es el colmo de la audacia) que bailé con mi novia al piano de manubrio el día de Santiago.”



Completamente inaceptable. Porque si hay algo que Sabino detesta es el organillo:

“Ahora se valsea al estilo de los chulos; y no al son del tamboril, instrumento desterrado por lo antiguo, sino al son de las guitarras , bandurrias, violines, murgas... y el maldito piano de manubrio.
Salido este de las callejuelas madrileñas, en donde hacía las delicias de esa escoria de la humanidad, del indecente y soez chulo, se ha introducido en nuestras aldeas y hoy es raro ya el bizkaino que no sabe hacer con su cuerpo las impúdicas contorsiones propias del baile flamenco.” [2]

Sabino constata, además, que el mal se está extendiendo:

“Hemos visto en Durango, pueblo que lleva fama de religioso, plantarse el piano de manubrio en el sitio más escogido (...) El Día de San Juan se celebró la romería en Sondika. No quisimos ir allá por no tropezarnos con el infame armatoste, ni con esa serie de guitarristas lisiados que atruenan los aires con sus cantares obscenos. Hace unos años si nuestros baserritarres hubiesen escuchado tales canciones, es seguro que hubiesen arrojado a palos a los trovadores”

Las quejas de Sabino hacia el maléfico instrumento son constantes, por lo que no resulta extraño que al ser elegido para a la diputación de Vizcaya aproveche para atizarle un impuesto:

“Explotando a nuestros administrados, rondan por los pueblos de Vizcaya, muy especialmente en esta época de romerías, numerosos individuos que, acompañados de ciertos instrumentos de música, además de obtener con su industria pingües rendimientos, molestan a quien tenga mediano oído y ofenden a la moral con los bailes que provocan y los soeces cantares que profieren (…) juzgo pertinente y razonable, salvo el digno parecer de esta Excelentísima Corporación, proponer a S.E. el siguiente impuesto a dichos instrumentos de música desafinada y a los individuos extraños al país vendedores de coplas:
- Cincuenta pesetas por año económico a cada piano de manubrio.
- (…) Diez pesetas por año económico a cada extraño al país que se dedique a cantar y vender coplas.”

Como puede verse, al hablar del temible piano de manubrio Sabino no consigue mantener ni la ecuanimidad ni el tono legalista que conviene a un diputado, y el texto legal acaba siendo un tanto intemperante. Pero ¿tan temible es el organillo? Pues sí, porque su propagación es paralela a la del verdadero cáncer de la raza vasca: el baile agarrao.
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A comienzos el siglo XVII Pierre de Lancre, el afamado cazador de brujas de Burdeos, declaraba que en la raíz de la tendencia natural de los vascos hacia el mal estaba su afición a la danza [3]. Desde entonces las cosas han cambiado, y los bailes vascos han ido evolucionando hacia formas más castas en las que incluso el contacto de las manos está mal visto. Ahora sin embargo la pureza vasca se ve nuevamente amenazada por la irrupción de bailes extranjeros en los que los cuerpos de los participantes se rozan impúdicamente. Así habla un crítico musical en 1886:

"Con las jotas y fandangos peninsulares, las contradanzas inglesas y los interminables rigodones franceses, han recibido los provincianos y navarros, como de sorpresa, los bailes vertiginosos, las polkas, los galops, los schottisch y todo género de bailes aglutinantes afrenta de la verdadera cultura social [...] ¡Ah! Los desprevenidos vascos, los inventores del honesto y decoroso zortzico, del noble aurresku y de la varonil espatadantza, han tomado aquellos inmundos bailes como moneda de buena ley, y hoy se ceban en ellos solo porque los han visto aceptados por gente de la corte, sin advertir por qué gente! ¡Quiera el cielo que se curen de la funesta manía de remedar en todo las modas de este pandemonium de Madrid!" [4]

Sabino está completamente de acuerdo, y escribe:

“Eran estos (los bailes) hasta hace poco alegres e inofensivos; divertíase la gente joven más, mucho más, que ahora, pero decentemente sin faltar a la moral, porque esos bailes presididos por el Alcalde del pueblo, reducíanse únicamente al aurresku, arin-arin y algún otro aire y se permitía en ellos valsear, llegando el pudor hasta el extremo de que, cuando era preciso formar cadena, la hacían por medio de pañuelos agarrando el hombre un extremo y la mujer otro. Ahora no hay nada de eso.“ [2]

Y también:

“Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiásticas y civiles y sentiréis regocijarse el ánimo al son del "txistu", la alboka o la dulzaina y al ver unidos en admirable consorcio el más sencillo candor y la loca más alegría; presenciad un baile español y si no os causa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago”. [5]

Obsérvese que, en ambos casos, Sabino parece considerar parte esencial de la gracia del baile vasco la supervisión de las autoridades civiles y eclesiásticas.

En algunos casos el conflicto alcanza mayor intensidad. En Bergara, durante las fiestas de San Pedro de 1897, el alcalde publica un bando prohibiendo el baile agarrao y prescribiendo el uso alternativo del tamboril. Un grupo de paisanos se siente poco inclinado hacia el sucedáneo y traslada la juerga al Espolón, donde son practicados los bailes proscritos. Ante ello un jesuita llamado Ibarguren se flagela públicamente para pedir perdón por los pecados de los danzantes que, para colmo de desvergüenza, continúan con sus evoluciones durante todo el incidente. Sabino, muy enfadado, dedica al asunto un artículo titulado Efectos de la invasión:

”Que al norte de Marruecos hay un pueblo cuyos bailes peculiares son indecentes hasta la fetidez; y que al norte de este segundo pueblo hay otro cuyas danzas nacionales son honestas y decorosas hasta la perfección; y entonces no les chocaría que el alcalde de un pueblo euskeriano prohibiese el bailar al uso maketo, como es el hacerlo abrazado asquerosamente a la pareja, para restaurar en su lugar el uso nacional de Euskeria.” [6]

El legado de Sabino será perdurable también en esta materia, y los bailes agarraos continuarán siendo contemplados con suspicacia. En 1909 socios del bachoqui de Sestao aprobarán por unanimidad una norma según la cuál se expulsará “a todo socio del que se tenga noticia de haber bailado el agarrao”. Y aún en 1928 la revista Txistulari, periódico oficial de la asociación de chistularis, pedirá a los intérpretes que "no toquen con el txistu ‘tangos’, ‘abaneras’, ‘fostrotes’ y otras cosas así, que eso ni es de txistularis, ni de cristianos, ni de vascos". [7]



[1] Más sobre Peru Abarca aquí.
[2] Las romerías de hoy. Baserritarra nº 10, julio de 1897.
[3] Pierre Lancre, Descripción de la inconstancia de los malos ángeles y demonios.
[4] Pedro de Madrazo. Citado en Euskomedia.
[5] ¿Qué somos? Bizkaitarra nº 29, junio de 1895.
[6] Efectos de la invasión. Baserritarra nº 11, julio de 1897 .
[7] Txistulari nº 5, año 1928. Citado en Euskomedia.

Imágenes: 1) Piano de manubrio; 2) Danza vasca, de Ana María Marín; 3) Escena del Sabbath, según Pierre Lancre; 4) La varonil ezpatadantza.

domingo, 6 de octubre de 2013

SABINO, LA EPICA Y LA LIRICA



 

LIBE.- (Con dulzura) Florecillas puras y olorosas, ¿para quién tan lindas? ¿A quién ofrecéis vuestro suave aroma y vuestras galas? Vosotras amáis ¿no es verdad? (Interrumpiendo el riego, medrosa y pensativa.) ¡Ay! También yo... siento no sé qué... que nunca he sentido...

En 1902 Sabino escribe Libe, un melodrama sobre la batalla de Munguía (una de las ‘cuatro glorias’ de Bizcaya por su independencia) que publica en 1903 en castellano bajo el seudónimo de Jelalde. La acción se desarrolla en 1471, y la protagonista es Libe, hija del señor de la vizcaína torre de Bilala. Es pretendida por Andima, otro aguerrido vizcaíno, pero no ha tenido mejor ocurrencia que enamorarse del Conde Don Diego, un españolazo al servicio del Conde de Haro. Desde el comienzo Libe, y el propio Don Diego, no dejan de percibir a dúo que su amor es un disparate:

LIBE.- ¡Puro sueño! ¡Es extranjero! ¡Puro sueño! / DON DIEGO.- ¡Suerte cruel! ¡Ser extranjero! ¡Suerte cruel!

Obsérvese la asimetría: Don Diego no lamenta que Libe sea extranjera, sino que entiende que el problema es suyo por no ser vizcaíno. Sin embargo se atreve a entrevistarse con el padre de Libe para exponerle su pretensión. A pesar de que éste descubre que Don Diego ha salvado la vida de su hijo en una batalla precedente contra los moros, lo reconviene amablemente:

EL DE BILALA. (Al Conde, advirtiéndole cortésmente) Mirad que sois extranjero.

EL CONDE (Humilde) Lo sé, señor, pero el corazón no me respeta.

Sin embargo, en un momento de flaqueza, el de Bilala acepta la candidatura de Don Diego dada su condición de salvador de su hijo. Grave error. Permitir el matrimonio con el extranjero, la temible mezcla, desencadenará el desastre.

En la siguiente escena un grupo de campesinas contempla la comitiva del conde de Haro:

ALDEANAS.- ¡Qué trajes, qué joyas! ¡Cuánto oro y plata! ¡Esplendor por fuera! Por dentro ¿serán felices?
Nosotras lo somos. No cambiemos nuestros vestidos por los suyos, ni nuestros flequillos [1] por sus montañas de cabello (...)
No cambiemos nuestras caserías por sus palacios.
No vistamos la toca blanca por esposos extranjeros.
Volvamos a nuestros caseríos alegres y contentas. Volvamos, volvamos.
¡Qué encantador es el caserío bizkaino! Palomas, blancas como tocas de casada, cobijadas en frondoso roble. Corderillos, blancos como la nieve, desparramados en verde pasto.

Entra entonces Andima que acaba de vencer, como es natural, a un castellano en un torneo:

ANDIMA.- ¡Oh Libe! (...) Tú tan bella, tan vasca ¿amar a un extranjero?

Se encuentra entonces con Don Diego y el señor de Bilala, recrimina a este último que no haya reservado su hija para un aborigen, y le suelta una grosería al primero:

ANDIMA.- (Lento) Más honrado que un bizkaino ningún español. (Aún más lento) Tan honrado como yo pocos. (No tan lento pero más frío) Probadlo si os place.

El padre evita que se enzarcen, y Don Diego queda admirado:

EL CONDE.- Es muchacho noble y valiente.
EL DE BILALA.- (Con gravedad) Es bizkaino.

En el siguiente acto, en el que abundan el “tibio céfiro” y los “parleros pajarillos”, los enamorados Don Diego y Libe se dicen las cosas de rigor, pero la tormenta se cierne sobre ellos. El argumento es difícil de seguir. Según la creencia general el señorío de Vizcaya lleva definitivamente incorporado a la corona de Castilla desde 1379, pero Sabino, que ha investigado más, demuestra que no es así la cosa. Resulta que Vizcaya es en realidad una república, “la República de Bizkaya”, y Enrique IV (al que, para complicar aún más las cosas, Sabino se empeña en llamar Enrique II, como si Vizcaya fuera finalmente un reino y tuviese una numeración particular) tiene las tierras vizcaínas “otorgadas por su oficio de señor”. De este modo Enrique IV es rey en todos sus territorios excepto en Vizcaya, donde es presidente de la República.  Y, sin darse cuenta de esto, ha decidido poner al frente de ella al Conde de Haro sin pasar por las urnas. Los vizcaínos se han molestado y, reunidos en Junta, le han declarado la guerra (aunque lo correcto quizás habría sido una moción de censura). Para enfatizarlo los junteros han terminado lanzando a coro el irrintzi. [2]

En el último acto tiene lugar la batalla. Libe, que es bastante voluble, es presa de un súbito fervor patriótico que la lleva sucesivamente a agarrar una bandera, a recordar a los vizcaínos que Vizcaya siempre fue libre, y a ser derribada por un arcabuzazo. Lo de la independencia ancestral de Vizcaya es obviamente el mensaje de la obra, y para que al público le quede claro Sabino lo repite hasta la extenuación: “¡Bizkaya siempre fue libre!”; “Bizcaya lucha por su independencia. Siempre fue libre”; “Bizcaya será libre. Como siempre antes”, etc.

La victoria es para los vizcaínos, que entre irrintzis llevan a la moribunda Libe ante su padre. También pasan por allí Andima y Don Diego, que ha sido hecho prisionero por aquél. El señor de Bilala se ha dado cuenta de su fatal pecado, haber permitido la mezcla racial, y Andima lanza un discurso en el que, junto a lo de la libertad inmemorial de Vizcaya, lanza una pulla contra la mestiza España:

ANDIMA.- Antes que tú España, ocupaba el vasco Europa entera. ¿No le has de permitir ni este rincón de áspera tierra para vivir libre? Entre tus progenitores fue uno el vasco. Más ya que no reconozcas a todos tus padres, respeta al menos al pueblo que es más antiguo que tú: respeta al que fue libre antes de que tú nacieras.

Libe muere feliz, porque le han “enseñado a amar a Bizcaya”, el telón cae y el público abandona la sala, suponemos, conmovido y edificado.



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En cuanto a la poesía propiamente dicha, más que poemas Sabino escribe canciones, pues sus versos suelen estar diseñados para encajar en una melodía preexistente [3]. Sabino trata de impregnar los cantos populares con su peculiar visión racista para devolvérselos a continuación al pueblo, que anda bastante despistado y no se entera del peligro en que se encuentra su patria. Porque la raza vasca, perfecta, pura y generadora de unas leyes miríficas, vivía en el pasado en armonía en una Arcadia feliz bajo la benévola mirada de Jaungoikua. Ahora, sin embargo, agoniza por la opresión del taimado invasor maqueto, a cuyo contacto el vasco se corrompe. Ahora el vasco abandona sus costumbres, sus tradiciones e incluso a su Dios. La única solución es levantarse y destruir al invasor. De ese modo se recobrará la armonía del pasado y los vascos volverán a vivir felices a mayor gloria de Dios (y viceversa).

Sabino escribe sus primeras composiciones durante su etapa de (ejem) estudiante en Barcelona. Son ¡Siñismena! (Fe), Kantauritarrak (Los cántabros) y una oda al sacerdote Pedro Pablo de Astarloa [5]. Más adelante, en Bizkaitarra, entre 1894 y 1895 produce una segunda tanda de canciones. En ellas llama la atención que utiliza contra los españoles no vascos, con mucha más frecuencia que en la prosa, el nombre infamante usado para referirse a los agotes: “mochas” (contracción de “belarrimochas”, “orejas cortas”). También “belchas” y “azurbelchas” (“negros” y “huesos negros”), que Sabino reserva a los maquetos en su condición de liberales.

En 1895 escribe Bizkaitarrak gara (Somos vizcaínos). ¿Y que son los vizcaínos según el poema? Pues básicamente se describen por oposición: son los que no son amigos de los maquetos/mochas. En realidad el primer mandamiento del vizcaíno es odiarlos:

Bizkaia maitetako, bera areijuaren
Arerijuak ixan biogu lengo-len.
(Para amar a Vizcaya antes que nada
hay que ser enemigo de sus enemigos.)

Ahora hay que seguir el ejemplo del pasado, recreado en Bizcaya por su independencia, y ahogar al enemigo en su sangre:

Baña asaba zerdenak eratzi ebezan,
odolez ibaiturik erri-mugea alan.
(Pero nuestros antepasados los destrozaron y, en un baño de sangre,
los arrojaron fuera de las fronteras de la patria.)

Una vez libre de los maquetos/mochas, la tierra de los vascos quedará descontaminada:

Oikinde onak eta ekandu ederrak
ordetuko ditube motzaren okerrak.
Los buenos usos y las hermosas costumbres
en adelante sustituirán a las viciosas de los mochas.

Entonces la orgullosa raza vasca recuperará la situación de preeminencia que naturalmente le corresponde:

Antziñeko enda zarr, garbi ta bakana
orain maketuenak dagona betuta,
biztuko da  ta betik jagiko da gora,
eta bizkaitarrena Bizcaya ixango da.
(La vieja raza de los tiempos antiguos, limpia y especial,
ahora humillada por los maketos,
vivirá y para siempre se alzará a lo alto,
y de los vizcaínos Vizcaya será.)

Y así el poema resume la idea esencial (y única) del nacionalismo de Sabino: la lucha de la raza vizcaína contra el impuro enemigo opresor (el maqueto o belarrimocha portador del vicio y el castellano), iniciada en la edad media, y cuyo camino está marcado por cuatro gloriosos y sangrientos hitos, debe reanudarse ahora. Tras el combate la raza vasca recuperará su glorioso pasado iluminado por Dios desde lo alto... de la Junta de Guernica (y limitado Él mismo por las leyes vascas):

Jaun Done Goikuaren beian egongo da
Bizkai’ko erri danon Gernika’n Batzarra.
Antxe lagi ederrak eingo deuskuzala
Lagi Zarr’tik urteniz, artez-arte dana.
(El Santo Señor de lo Alto velará
en la Junta de Guernica del pueblo de Vizcaya.
Allá nos hará hermosas leyes extraídas
todas directamente de la Ley Vieja.)

Posteriores cantos representarán variaciones (mínimas) de este mismo tema. En 1897 publica Oraingo Bizkai-bizkarrak (Las espaldas vizcaínas de ahora). En ella juega con el doble sentido de “bizkarrak”, que puede significar tanto espalda como loma, y de su semejanza con “Bizkaia”, que hace descender de aquélla. De este modo Vizcaya es ahora impura porque sobre las espaldas de sus habitantes recae la opresión de los mochas, y sus hermosas lomas están plagadas de mochas y “mochófilos” (“motzalez ta motzez”).

En ¡Lenago il! (Antes morir) Sabino comienza desde la primera estrofa el habitual lamento por la degeneración de la raza vasca y por la destrucción del mundo rural por los “insaciables maketos”. Fruto de la contaminación, ahora los vascos se están volviendo blasfemos y descreídos y ofenden a Jaungoikua hablando en castellano:

Orain motzak lez loiztuten dabe,
loidun erderaz egiten.
(Ahora lo ensucian como los mochas
hablando en inmundo extranjero.)

Y sigue así la cosa. Como en Mendiko negarra (El llanto de los bosques):ºº

Ara motzenak gaur emen zeure bijotz garbija usteltzen.
(Hoy aquí las [costumbres] de los mochas pudren tu limpio corazón.)

Finalmente el ideario de Sabino queda condensado en el estribillo de Ken:

¡Kendu, kendu maketuok eta euzkeldun maketuzaliok!
¡Bota, bota azurbaltzok eta euron lagun guztijok!
(¡Quita, quita maquetos y vascos maquetófilos!
¡Fuera, fuera azurbelchas y todos sus compañeros!)


[1] Descubrimos aquí el origen del temible peinado de las actuales aberchales.
[2] Obsérvese aquí como se puede armonizar lo tradicional con lo científico.
[3] Los versos que se citan, y sus traducciones, se han extraído de la obra ya mencionada de Antonio Elorza Tras las huellas de Sabino Arana.
[4] Astarloa ha sido mencionado en un capítulo precedente.

Imágenes: 1) y 2) ¿La venganza de Don Mendo? No, Libe, reestrenada en los años 30 por Ramón de la Sota.