sábado, 22 de septiembre de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (y 15): LA VOLUNTAD DEL PUEBLO

El 15 de agosto de 1879 se constituye en San Petersburgo el Comité Ejecutivo de la Voluntad del Pueblo. Diez días más tarde vuelve a reunirse y en solemne sesión decreta la muerte del Zar.
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Durante todo su reinado Alejandro II se ha encontrado frente a un problema de imposible solución: los intentos de liberalización del régimen han sido respondidos con virulentos brotes revolucionarios; y las subsiguientes oleadas represivas le han privado de la simpatía de los sectores ilustrados no revolucionarios. De este modo gobierno y populistas han acabado entrando en una espiral destructiva cuya fase final será definida por los fanáticos de Narodnaya Volya* con un argumento difícil de contestar: la dinamita.

En otoño de 1879 Alejandro II se prepara para volver a San Petersburgo desde el palacio Livadia, en Crimea. Dependiendo de las condiciones meteorológicas debe elegir entre dos itinerarios: o bien hacer la primera parte del trayecto en barco hasta Odessa y luego en tren hasta San Petersburgo, o bien realizar todo el recorrido en tren. Considerando todas las contingencias Narodnaya Volya prepara atentados con dinamita en tres posibles puntos del camino de vuelta: Odessa, Alexandrovsk, cerca de Járkov, y Moscú. El mal tiempo hace que el zar renuncie al recorrido marítimo y Narodnaya Volya se concentra en los dos puntos restantes. En Alexandrovsk los terroristas han enterrado unos cilindros llenos de dinamita junto a la vía férrea, con un detonador eléctrico accionable a prudente distancia. El tren del zar se acerca, un terrorista grita “fuego”, el detonador es activado, y nada ocurre. Queda la trampa de Moscú preparada por Sofía Perovskaya. Un convoy formado por dos trenes se acerca al punto en que se encuentra la dinamita. Pero ¿en cuál de ellos viaja el zar? En ocasiones su tren ha sido precedido por otro que sirve de escolta, así que Narodnaya Volya deja pasar el primero y activa la dinamita al paso del segundo. El tren, que contiene el equipaje del zar y a sus sirvientes, vuela por los aires. Alejandro II viajaba en el anterior.


A finales de año el Ministro del Interior Pyotr Valuyev escribe en sus diarios:

Todo se desmorona, todo se va a los perros. Uno puede sentir cómo la tierra se estremece y cómo el edificio amenaza con venirse abajo, pero la gente no parece darse cuenta de ello.

A partir de enero de 1880 se dedica a presentar en los sucesivos consejos de ministros una batería de medidas que pretenden “acabar con la pasividad de la gente de bien, que es mayoritaria, y darle al gobierno la posibilidad de contraatacar y refutar los argumentos subversivos que se predican por doquier”. Durante las reformas de los 60 Alejandro II ha creado los zemstvos, unos consejos electivos provinciales, formados por representantes de los distintos estamentos, dedicados a tratar asuntos locales. Ahora Valuyev propone que de los distintos zemstvos elijan representantes para formar parte del Consejo de Estado. Además, propone la creación de una constitución que limite, aunque sea moderadamente, el poder absoluto del zar. Se producen interminables debates, pero Valuyev cuenta con la decidida oposición de la camarilla del heredero, el futuro Alejandro III, cuya receta para salir de la crisis es reforzar el poder autocrático del Zar.


Pero mientras tanto “La Voluntad del Pueblo” ha infiltrado a Stepan Jalturin en el mismo Palacio de Invierno. Carpintero de profesión y terrorista por vocación, se ha ganado de tal forma la confianza del personal del palacio que un guardia del zar le ha presentado a su hija con intención de incorporarlo a su familia. Jalturin, sin dejarse seducir por el proyecto matrimonial, ha ido introduciendo poco a poco dinamita en palacio y la ha acumulado en su habitación, situada en los sótanos de la residencia imperial. El plan consiste en colocarla en un habitáculo situado debajo del comedor en el que Alejandro II acostumbra a cenar. La noche del 5 de febrero de 1880 una gigantesca explosión sacude el Palacio de Invierno matando instantáneamente a 11 personas y de forma diferida a otras 55. El Zar no se encuentra allí.


El atentado provoca la caída de Valuyev y el nombramiento de Mijaíl Loris-Melikov como ministro con amplios poderes y jefe de la Tercera Sección. La policía zarista ha demostrado una perseverante ineptitud, tanto para proteger la seguridad del zar, como la vida de sus propios jefes. Loris-Melikov la unifica con el Cuerpo Especial de Gendarmes en el Departamento para la Defensa de la Seguridad Pública y el Orden. Con el tiempo esta nueva policía secreta será conocida como la Ojrana (la Guardia), y adquirirá una siniestra reputación bajo el sucesor de Alejandro II.

En un principio Loris-Melikov se alinea con la postura del heredero: “estoy convencido de que Rusia vive hoy una peligrosa crisis, y sólo podrá ser rescatada si el Zar muestra un espíritu decididamente autocrático”. Pero pronto la necesidad de ganarse a los segmentos más ilustrados de la sociedad lo convence de la necesidad ineludible de reanudar las reformas. De este modo apela al Zar y a sus ministros a recobrar el espíritu reformista de los 60. De nuevo se eleva la propuesta de incorporar representantes de los zemstvos al Consejo de Estado, y se vuelve a proponer la redacción de una constitución. Loris-Melikov contribuye además a calmar el ambiente de las universidades al sustituir al autoritario conde Dmitry Tolstoy, ministro de instrucción pública, por Saburov, de carácter mucho más liberal. De este modo se produce la siguiente paradoja: en el momento en que los estudiantes están más calmados, el terrorismo de “la voluntad del pueblo” alcanza la mayor efervescencia.


Porque una vez más los revolucionarios acabarán con este último brote liberal. Durante semanas han sometido a vigilancia a Alejandro II que, para su desgracia, observa una rutina. Todos los domingos acude a las caballerizas reales para pasar revista a las tropas por uno de dos itinerarios, la concurrida alameda de Malaya Sadovaya o el canal de Catalina. En diciembre de 1880 dos miembros de Narodnaya Volya han alquilado un local en el nº 56 de Malaya Sadovaya, han colgado un cartel anunciando “Esposos Kobosev, queseros”, y han comenzado a cavar un túnel para colocar una bomba bajo la calzada. Simultáneamente los terroristas han diseñado una rudimentaria bomba de mano formada por una carcasa de metal en cuyo interior hay dos tubos transversales llenos de nitroglicerina, destinados a romperse al chocar contra el suelo y provocar el estallido.

Pero el rendimiento de la policía de Loris-Melikov aún está lejos de la excelencia. En febrero de 1881 recibe una denuncia de un vecino de Malaya Sadovaya, a quien el absoluto desconocimiento en materia de quesos demostrado por los esposos Kobosev ha inducido a sospechar. La casa es registrada, pero el túnel permanece indetectado. Simultáneamente es detenido un miembro del Comité Ejecutivo de la Voluntad del Pueblo que confiesa que la voluntad de asesinar al zar permanece inalterada. A pesar de ello Loris-Melikov asegura a Alejandro II que todas las precauciones han sido tomadas. El zar queda poco convencido, pero decide continuar con su rutina. Cuando el 1 de marzo el zar acude a la revista semanal de tropas los asesinos de Narodnaya Volya están preparados. Uno de ellos se encuentra en la casa de Malaya Sadovaya dispuesto a accionar el detonador que activará la mina al paso de Alejandro II. En el canal de Catalina quedan apostados cuatro lanzadores de bombas. La comitiva escoge este último itinerario, y Sofía Perovskaya asume que también volverá por él. Efectivamente, a las dos y cuarto ve pasar el convoy de vuelta y agita un pañuelo para alertar a los lanzadores. El primero de ellos arroja la bomba contra el carruaje de Alejandro II matando a varios paseantes y a un cosaco de la escolta. El Zar emerge ileso de los restos del coche y se dirige hacia los heridos. Uno de los oficiales de la guardia que ha acudido corriendo le pregunta, sin reconocerlo, si el Zar ha sido herido. Gracias a dios estoy bien pero ¿y ese hombre?, dice señalando a un herido que se retuerce de dolor entre gritos. En ese momento un segundo terrorista lanza otra bomba a los pies de Alejandro II. Cuando el humo se disipa el Zar yace agonizante entre otros cuerpos.



EPILOGO



El nuevo zar, Alejandro III, acabará decididamente con cualquier intento reformista dirigido a limitar su poder absoluto, y afrontará la crisis imponiendo la unanimidad en sus súbditos. Su reinado se fundará sobre tres pilares: autocracia política, nacionalismo y ortodoxia religiosa. Los primeros en pagarlo serán los judíos. La Ojrana, convertida en el prototipo de policía secreta de los futuros estados totalitarios, promoverá pogromos y acabará produciendo “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Narodnaya Volya no sobrevivirá mucho tiempo al asesinato del zar. El 3 de abril de 1881 Sofía Perovskaya y el resto de los lanzadores supervivientes subirán las escaleras del patíbulo. El terrorismo desaparecerá por completo de Rusia hasta comienzos del siglo XX. Entonces renacerá bajo la forma del Partido Socialista Revolucionario, y esta también es una historia que merece ser contada.



* Narodnaya Volya significa "LA Voluntad del Pueblo". Usaré el nombre indistintamente en ambos idiomas. Imágenes: 1.- El palacio Livadia en Crimea. En él se celebrará la conferencia de Yalta. 2.- Pyotr Valuyev. 3.- Stepan Jalturin. He aquí, quizás, una de las razones de la apatía de la sociedad hacia los asesinos: eran jóvenes y con frecuencia guapos. Nada que ver con sus oponentes (se aportan como prueba las imágenes 2 y 4). Esto, y el hecho de que sus programas fueran una sucesión de simplezas, los hacían difícilmente resistibles. 4.- Loris Melikov. 5.- 1 de marzo de 1881: la primera bomba. 6.- 1 de marzo de 1881: la muerte de Alejandro II. 7.- Coronación de Alejandro III. 8.- Ejecución de los autores del atentado.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (14): LA SOCIEDAD DESMORONADA


El 24 de enero de 1878 una joven pulcramente vestida acude a la multitudinaria audiencia semanal del general Trepov, jefe de la policía de San Petersburgo, que reúne a los vecinos de la ciudad con las más diversas peticiones. Tras esperar pacientemente su turno, la joven se sienta frente a la mesa de Trepov, abre su bolso, extrae un revolver, y lo descarga sobre el pecho del general. Después, ajena al revuelo que se ha formado, deja que la detengan sin oponer resistencia y afirma: ha sido en venganza por Bogolyubov.

La joven es Vera Zasulich, activista populista de los círculos de Tkachev. El Ministro de Justicia solicita al zar que sea juzgada en lugar de por una comisión del Senado (lo habitual en los juicios políticos) por un tribunal ordinario. El juicio comienza de manera peculiar: el fiscal parece excusarse por acusar a Vera Zasulich y no a Trepov, y califica el atentado como una “loable protesta de la dignidad humana herida”. El jurado debe emitir un veredicto sobre la siguiente pregunta: ¿es culpable Vera Zasulich de haber disparado contra Trepov con intención de matarlo? El sorprendente veredicto es: no.

¿Cómo se ha llegado a este disparate?
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Los registros de la policía zarista recogen un total de 1611 detenidos por actividades subversivas entre 1873 y 1877. Esta lista se refiere a detenidos de larga estancia, y no incluye a los que han sido liberados a las pocas horas o días. De éstos, 557 son liberados en el transcurso de los siguientes meses a la detención, y los restantes se dividen en “criminales” y “especialmente criminales”. Entre los “especialmente criminales”, la mayoría tiene una edad inferior a 21 años, mientras que entre los “criminales” el 70% tiene menos de 25 años. La mayoría de ellos pertenecen a la nobleza; el siguiente grupo lo integran los hijos de altos cargos de la administración y de clérigos. Sólo nueve son realmente campesinos.


El caso es que tras las peregrinaciones narodniki de 1873 y 1874 el Zar y sus ministros comienzan a pensar, con razón, que están perdiendo la batalla de la opinión pública. La extrema juventud de los peregrinos, y la simpleza irresistible de sus planteamientos, han hecho que muchos hayan visto con cierta simpatía sus andanzas. En un Consejo de Ministros de 1875 se expone lo siguiente:

Una de las principales razones de la grave indiferencia con la que bienintencionados elementos de la sociedad acogen la ampliamente difundida propaganda de principios subversivos (...) se encuentra en la ignorancia que predomina, no sólo en amplios sectores del público, sino entre altos funcionarios de la administración gubernamental -incluyendo la mayoría del Consejo de Ministros- en lo referente al alcance de dicha propaganda (...) Ellos mismos (los revolucionarios) afirman que torrentes, ríos, una inundación de sangre es necesaria para conseguir sus fines. El Consejo está convencido de que estos desvaríos delirantes de una mente fanática no pueden encontrar ningún soporte. Pero para que la opinión pública rompa con los que mantienen estas doctrinas, sus principios no deben permanecer ocultos por más tiempo”.

Se decide que los procesos a los narodniki reciban la máxima difusión, y sirvan para poner de manifiesto el peligroso radicalismo que subyace bajo sus propuestas aparentemente inocentes. El más importante de ellos será conocido como el "juicio de los ciento noventa y tres". Pero lo cierto es que el régimen zarista no ha sabido responder al creciente desafío populista, y ha entrado en una espiral represiva que le ha enajenado las simpatías incluso de sectores de la población nada receptivos a los proyectos revolucionarios. Por si esto fuera poco, la administración zarista es contemplada como un torpe dinosaurio burocrático, incapaz de un funcionamiento mínimamente eficiente y mucho menos de emprender las tareas necesarias de modernización del país. La masa descontenta crece, y es un animal mimético a cuyo paso la gente se apresura a adherirse.


En 1875 Bosnia y Herzegovina se rebelan contra la dominación turca, y Bulgaria aprovecha para hacer lo propio. La revuelta búlgara es ahogada en sangre por los funestos bashi-bazouk, las tropas irregulares turcas. La contienda puede ser presentada por el gobierno ruso como una agresión a los hermanos eslavos, y la tentación de canalizar el descontento hacia un enemigo exterior, y lograr así una unanimidad interna, es irresistible. En 1877 Rusia entra en guerra con Turquía. Sin embargo, el rendimiento del ejército ruso no es memorable, las bajas se multiplican, y el descontento contra la administración crece. Para cuando llegue el momento de juzgar a los narodniki la sociedad rusa estará en estado de alta crispación contra el gobierno.

Mientras tanto los populistas no han permanecido inactivos. En 1875 Mark Andreyevich Natanson, el creador del círculo de Chaikovsky, ha vuelto a reunir en San Petersburgo a algunos de sus miembros dispersos que pasan a denominarse “los trogloditas”. Agrupan en sí a las tres corrientes populistas más fuertes del momento: los seguidores de Bakunin, los partidarios del jacobino Tkachev, y los de Piotr Lavrov, que cree que la tarea fundamental es despertar al pueblo por medio de la propaganda. En 1876 los trogloditas adoptan el nombre más fino de “Grupo Revolucionario-Populista del Norte”, y más adelante cambian al definitivo Zemlya i Volya (“Tierra y Libertad”). Será el segundo y más famoso grupo populista en llevar esta denominación; su orientación mayoritaria, a pesar de la convivencia de distintas tendencias, será decididamente terrorista. El 6 de diciembre de 1876 organizan lo que se considera la primera manifestación masiva en Rusia: una concentración frente a la catedral de Nuestra Señora de Kazan en San Petersburgo.


En julio de 1877 el general Trepov llega al Centro de Detención Preventiva de San Petersburgo, donde muchos narodniki se encuentran recluidos en espera de juicio. Al pasar delante de los prisioneros, Trepov observa que uno de ellos, un estudiante llamado Bogolyubov, no se ha quitado la gorra, lo que interpreta como una falta de respeto. Trepov reacciona violentamente; intenta golpear a Bogolyubov y, a continuación, ordena que sea públicamente azotado. Bogolyubov queda muy malparado.

En octubre de 1877, ante una sección especial del Senado, comienza el “juicio de los ciento noventa y tres”, que se prolongará hasta enero del siguiente año. Uno de los acusados, un tal Myshkin, realiza un alegato inicial:

Puedo decir que esto no es un tribunal, sino una comedia sin sentido; o algo peor, algo más repulsivo, más vergonzoso que un burdel. Allí las mujeres venden su cuerpo por necesidad. Aquí los senadores comercian con la vida de otros, con la verdad y la justicia; comercian, de hecho, con todo lo que es más apreciado por la humanidad, y lo hacen por cobardía, bajeza, oportunismo, y por percibir salarios elevados.

La declaración despierta entusiasmo entre los presentes y es ampliamente difundida, y que una soflama tan escasamente sofisticada reciba tanta notoriedad es un síntoma del ambiente poco favorable al gobierno en el que se mueve el proceso. Los propios senadores parecen estar poco tranquilos con él, y las sentencias finales son leves: cinco de los acusados son condenados a diez años de prisión; diez a nueve años; tres a cinco años; cuarenta a destierro; la mayoría queda en libertad. Esto último pone de manifiesto, además, que la mayoría de los acusados han estado detenidos provisionalmente, sin motivo, durante tres o cuatro años. El día siguiente a la finalización del juicio Vera Zasulich intenta asesinar a Trepov.


Zemlya i Volya extrae inmediatas conclusiones de la absolución de Zasulich. “La sociedad de San Petersburgo ha hablado el lenguaje de la humanidad” afirma Georgi Plejanov, y ante el apocamiento de la sociedad el grupo empieza a trasladar el asesinato a la práctica. Entre enero y agosto de 1978 produce una oleada de atentados contra policías y altos funcionarios que culmina el 4 de agosto cuando el general Mezentsov, jefe de la Tercera Sección, es apuñalado hasta la muerte en una céntrica calle de San Petersburgo. En un panfleto titulado “Una muerte por otra” Zemlya i Volya justifica el asesinato como la respuesta al fusilamiento previo de un tal Kowalsky, un miembro del grupo que disparó a los policías que pretendían detenerlo. Se inicia así un perverso mecanismo por el que la justificación del verdugo mancha de sospecha a la víctima. A partir de ahora los asesinos no sólo matarán a sus víctimas, sino que las culpabilizarán. Esta perversa inversión de papeles no sólo será parcialmente asumida por la sociedad (si han sido escogidos para ser asesinados, algo habrán hecho), sino que se prolongará durante décadas. Por cierto, el asesinato de Mezentsov ha comenzado a ser preparado meses antes de la muerte de Kowalsky.


Y los crímenes continúan. El 9 de febrero de 1879 es asesinado el príncipe Kropotkin, gobernador de Jarkov y primo del famoso populista anarquista. La víctima es bien conocida por sus tendencias políticas liberales, pero Zemlya i Volya lo responsabiliza de las malas condiciones de vida de la prisión local.

El 12 de marzo el general Drenteln, sucesor de Mezentsov al frente de la Tercera Sección, es asesinado en San Petersburgo.

El 2 de abril Alejandro II pasea por los jardines del Palacio de Invierno cuando el terrorista Solovev dispara cinco tiros contra él. Ninguno de ellos da en el blanco. Alejandro II decide retirarse temporalmente al palacio Livadia, en Crimea.

El intento de asesinato del Zar no ha sido bien visto por todos los miembros de Zemlya i Volya, y agranda las disensiones dentro de la organización que culminarán el 26 de agosto con su escisión en dos grupos. Cherny Peredel (“Partición Negra”*), liderado por Plejanov, abogará por compatibilizar los atentados con propaganda y acciones políticas. El otro pasará a denominarse "La Voluntad del Pueblo" (Narodnaya Volya), y se enfocará exclusivamente en la destrucción de la sociedad existente mediante el terrorismo.
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* Hace referencia a su proyecto populista de repartir toda la tierra entre los campesinos, que junto con los siervos eran considerados las 'clases negras'.

Imágenes:
1.- Vera Zasulich.
2.- Alejandro II.
3.- Un caudillo bashi-bazouk. Por cierto, éste es el insulto preferido del capitán Haddock.
4.- El general Trepov.
5.- Sergey Kravchinsky, asesino del general Mezentsov.
6.- Kropotkin, gobernador de Jarkov.

martes, 4 de septiembre de 2012

lunes, 3 de septiembre de 2012