martes, 26 de abril de 2011

IG FARBEN (7)


El 11 de marzo de 1938 la Wehrmacht cruzó la frontera austriaca, y unos días más tarde directivos de IG Farben siguieron sus pasos. Su objetivo era presentar un memorándum titulado “Un nuevo orden para una gran industria química en Austria”. Este nuevo orden consistía, en esencia, en la toma de control por parte de IG Farben de la Skoda Werke Wetzler, la mayor empresa química del país. Las razones aducidas por IG en su documento eran que la absorción facilitaría el cumplimiento del plan cuatrienal aprobado por Hitler, y, de paso, eliminaría la influencia judía en el sector, pues, tal y como IG se encargaba de señalar, SWW estaba controlada por los Rothschild. En realidad, desde antes del Anschluss los Rothschild eran conscientes de la amenaza que suponía IG Farben, y, a través de su director general Isador Pollak habían intentado conjurarla mediante la fusión con alguna otra gran compañía del sector. Inmediatamente después de la ocupación austriaca, un decreto gubernamental ordenó el despido de todos los trabajadores judíos de SWW, e IG se encargó de facilitar personal ario para llenar los huecos. Pero además de esta ocupación de hecho, y con el fin de dar una apariencia legal a la apropiación, directivos de IG Farben entablaron negociaciones con los Rothschild a través del representante personal de éstos Josef Joham. El caso es que Joham también era judío y esto reducía a cero su capacidad negociadora, como los propios agentes de IG se encargaron, de forma ominosa, de poner de manifiesto durante sus conversaciones. Finalmente, en otoño IG Farben estuvo en posesión de los documentos que acreditaban la propiedad de WWF. Para entonces Joham ya había huido de Austria, pero no así Isador Pollak, que fue literalmente pateado hasta la muerte por personal de las SS.


El siguiente plato del festín de Hitler era Checoslovaquia, y el 29 de septiembre de 1938 Chamberlain y Daladier dieron en Munich el visto bueno para la ingesta. La atención de IG estaba centrada en dos plantas de Aussiger Verein, la mayor química checa, localizadas en los Sudetes. Esta empresa, al ser el 25% de sus directivos judíos, era considerada judía de acuerdo con las leyes de Nurenberg, lo que posibilitaba a las autoridades su expropiación.. El día siguiente a la entrada del ejército alemán, Hermann Schmitz mandó un telegrama de felicitación a Hitler: ”Profundamente impresionados con el retorno de los Sudetes al Reich que usted, mi Führer, ha conseguido. I.G. Farbenindustrie A.G. pone a su disposición medio millón de marcos para que los utilice en este territorio”. A continuación IG comenzó la negociación con AV para comprar sus plantas, y el encargado fue el barón Georg von Schnitzler, uno de los más importantes directivos no técnicos de IG. A falta de una mejor arma de negociación, los representantes de AV se dedicaron a arrastrar los pies y a demorar el proceso, hasta que Schnitzler amenazó con denunciar ante Hitler su falta de colaboración. Esta ruptura de la paz social, continuó, podría muy bien servir como razón para la ocupación del resto de Checoslovaquia. Puestos al habla los directivos de AV con miembros del gobierno checo, éstos confirmaron que las amenazas de Schnitzler no carecían de fundamento, y les recomendaron que arreglasen sus asuntos como pudieran puesto que ellos tenían sus propios problemas. Así las cosas, en un par de días se firmo la venta de AV a IG.

En septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia. IG ambicionaba tres compañías del sector de los colorantes: Boruta, la más grande, Wola, una pequeña compañía controlada por judíos, y Winnica, controlada a medias entre la francesa Kuhlmann y la filial suiza de IG. Schnitzler se dirigió, pues, al Ministerio de Economía para declarar que IG estaba en condiciones de operar las tres plantas, pero la respuesta que encontró fue más bien fría. Lo que ocurría era lo siguiente. Heinrich Himmler, jefe de las SS, comenzaba a despuntar por encima de Göring, el tradicional aliado de IG. Himmler, que tenía sus propios planes para las propiedades confiscables en los países conquistados, había dado órdenes a su delegado en Polonia para vetar cualquier movimiento que se produjera sin su consentimiento, de modo que Schnitzler encontraba ahora las puertas cerradas. De modo que, viendo el realineamiento de los astros nazis, IG comenzó un progresivo acercamiento a la órbita de Himmler.


De forma paralela al estrechamiento de la relación entre IG y los nazis, Carl Bosch fue siendo despojado de todas sus responsabilidades en IG. Bosch, que consideraba que sus aportaciones en el campo de la fabricación de carburante y goma sintética habían sido decisivas para la guerra, se sumió en recurrentes depresiones y se refugió en el alcohol, hasta que decidió irse de Alemania. En febrero de 1940 marchó a Sicilia acompañado de una colonia de hormigas que le había donado el Instituto Káiser Guillermo. No es de extrañar que su depresión se acentuara, por lo que al poco tiempo volvió a Alemania y murió en Heidelberg. Poco antes predijo la inminente caída de Francia, a la que, a medio plazo, seguiría inexorablemente la de la propia Alemania y la de IG Farben.


En mayo de 1940 los tanques de von Manstein atravesaban las Ardenas; unas semanas más tarde Francia ya se había rendido, mientras Inglaterra rescataba a sus tropas de Dunquerque. Con cada nueva invasión, IG Farben se encargaba de redactar puntualmente el correspondiente memorándum sobre el nuevo orden de la industria química. El redactado tras la caída de Francia no sólo detallaba el destino de las empresas químicas de Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Noruega y Dinamarca, sino también de Rusia, hasta ese momento aliada de Alemania, de Inglaterra, aún no conquistada, e incluso de Suiza. Con el tiempo, también fue incluida en los planes la industria de los Estados Unidos. En opinión de IG, la clave para controlar el mercado europeo era, precisamente, Francia, y dentro de ésta la empresa más importante era Kuhlmann. En agosto el plan de IG fue presentado al Ministerio de Economía. Según él, todas las compañías francesas de colorantes debían fundirse en una, que se llamaría Francolor, de la que IG tendría el 51% del accionariado, repartiéndose el 49% restante entre las compañías francesas. Pero cuando el plan les fue comunicado a los franceses lo rechazaron enérgicamente, pues pretendían negociar con IG en condiciones de igualdad. A fin de cuentas, en octubre Hitler y Pétain habían firmado un pacto en Montoire en el que se establecían las bases de la colaboración franco-alemana: “El Eje y Francia tienen idéntico interés en ver conseguida la derrota de Inglaterra en el menor tiempo posible. En consecuencia el Gobierno francés apoyará, dentro del límite de sus fuerzas, las medidas que el Eje pueda adoptar en este sentido.”*

Dentro del espíritu de colaboración nacido en Montoire, los representantes franceses del sector químico arreglaron un encuentro con miembros del gobierno alemán e IG en Wiesbaden, en noviembre de 1940. Por parte alemana acudieron Hans Hemmen, máximo responsable económico de la delegación alemana enviada a negociar el armisticio, y el inevitable Schnitzler. En Wiesbaden los franceses comenzaron a exponer sus puntos de vista en pie de igualdad, como aliados, hasta que Hemmen dio un puñetazo en la mesa que hizo volar todos los papeles y se marchó dando un portazo. Schnitzler, más educado, tradujo sus palabras: no podía olvidarse que Francia había declarado la guerra a Alemania y la había perdido, y, por eso, no estaban en una negociación entre iguales, sino entre vencedores y vencidos. La delegación francesa informó de los resultados del encuentro al Gobierno francés, que se mostró alarmado. No sólo la industria de los colorantes era considerada esencial para las necesidades de defensa, sino que se temía que esta primera negociación marcara las pautas para las que se producirían en el resto de los sectores. Mientras tanto IG realizó una nueva aproximación usando el palo (la amenaza de confiscar Kuhlmann conforme a las leyes de Nuremberg) y la zanahoria (compensar a los franceses con un 1% del accionariado de IG). Finalmente en noviembre de 1941 se cerró el acuerdo.


En verano de 1942, Hitler se encontraba librando su temida guerra en dos frentes, y las masivas movilizaciones habían dejado despobladas las industrias alemanas. Se pensó utilizar mano de obra francesa, pero del total de 350.000 trabajadores requeridos, sólo acudieron 30.000. Entonces se recurrió a Francolor, que se encargó de transferir a Alemania a una parte de sus trabajadores, sin consultar a éstos. A partir de ese momento los alemanes se referirían a los directivos franceses de Francolor como los “tratantes de esclavos”.
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* A cambio, continuaba el acuerdo, a Francia le sería reconocido el lugar “que merecía”. Por fortuna para Francia, al finalizar la guerra no se le reconoció el lugar que merecía, sino que fue considerada potencia vencedora de la guerra, con derecho a un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Imágenes, superior a inferior:
1. Revista comercial de IG Farben: “De obra en obra”
2. Hitler anuncia el Anschluss en el Reichstag.
3. Exterior del edificio de IG Farben en Frankfurt.
4. Mapa: “Los logros de IG en todo el mundo”
5. Edificio IG Farben

miércoles, 20 de abril de 2011

HISTORIA DEL JAPON (8): LAS DOS CORTES



En 1318 el Emperador Go-Daigo ascendió al trono. Al ver al abúlico shikken del momento* decidió seguir los pasos de Go-Toba** e intentar recuperar para sí todos los poderes de gobierno. Esta vez se preparó mejor el camino con los monjes de Enryaku-Ji, poniendo a su propio hijo al frente de ellos. En 1331 el Emperador huyó de Kyoto con las enseñas imperiales, en las que residía parte de su legitimidad, y se refugió en el monasterio. Go-Daigo contaba además con el apoyo de Kusunoki Masashige, un personaje destacado en la historia militar del Japón por sus dotes de estratega. Hay que decir que, vistas retrospectivamente, las tácticas de Masashige parecen un tanto pueriles. Por ejemplo, estando sitiado en su castillo por fuerzas abrumadoramente superiores del shikken, hizo creer a éstas que sus hombres se habían suicidado en masa en una gran pira, cuando en realidad se habían escabullido por una poterna trasera. Y otra: estando asediado de nuevo, hizo creer a sus atacantes que la guarnición había sido sobornada, y, cuando aquellos entraron confiados por una puerta abierta, esta se cerró con ellos dentro y fueron masacrados. En cualquier caso, Masashige fue el primer militar japonés que desarrolló técnicas de asedio prolongado.



Finalmente el shogunato de Kamakura decidió acabar con el problema neutralizando físicamente al Emperador, y envió a un samurai, Ashikaga Takauji, para hacer prisionero a Go-Daigo. A medio camino, sin embargo, Takauji decidió cambiar de bando, y tomó Kyoto en nombre del Emperador. Las cosas comenzaban a torcerse para el shikken. En 1333, a requerimiento de Go-Daigo, el samurai Nitta Yoshisada reunió un ejército y marcho contra Kamakura, rodeada de montañas y con pasos fácilmente defendibles contra un ejército invasor. Ante esto Nitta Yoshisada escogió el camino del mar, tradicionalmente considerado inexpugnable. Después de propiciar a los dioses del mar ofrendándoles su propia espada, y tras esperar prudentemente la marea baja, Yoshisada consiguió tomar Kamakura y acabar con el bakufu***, con el shikken, y con la influencia de la familia Hôjô.



Go-Daigo ahora era de verdad Emperador. Pero, muy crecido por el devenir de los acontecimientos, comenzó a comportarse sin el menor tacto. Para empezar intentó reducir drásticamente el enorme poder de los samurai, y, para evitar que un nuevo shogun pudiera volver a desafiar el poder imperial, designó para el cargo a su propio hijo. Peor aún: demostró una gran ingratitud hacia los que habían combatido por él. Masashige era leal hasta la médula, pero Takauji era otro asunto. Mientras rumiaba su resentimiento, fue enviado por el Emperador a Kamakura para sofocar un intento de restaurar el shogunato por parte del desposeído shikken. Pero al llegar allí, el volátil Takauji cambió otra vez de bando y se colocó a si mismo al frente del bakufu. Inmediatamente, el Emperador mandó a Masashige contra él, que lo obligó a abandonar Kamakura y a retirarse a la isla de Kyushu.

Con el tiempo, Takauji consiguió reorganizarse en Kyushu, infligir una severa derrota a las tropas imperiales enviadas contra él, y retornar a Honshu con un nutrido ejército. Muy alarmado, Go-Daigo acudió una vez más al fiel Masashige que, viendo la magnitud de las fuerzas que se avecinaban, sugirió una retirada táctica a Enryaku-Ji, dejando que Takauji tomara temporalmente Kyoto. Go-Daigo no quiso saber nada de retiradas, aunque fueran estratégicas, y ordeno a su general avanzar sobre Takauji. Masashige, a pesar de saber que era una batalla perdida, obedeció al Emperador y marchó contra Takauji en Minatogawa. Allí, en 1336, se encontraron por última vez estos personajes singulares, Masashige, dotado de la astucia de Ulises y la lealtad de Penélope, y Takauji, que era más bien del tipo Alcibíades. Masashige fue derrotado y herido en la batalla, y allí mismo cometió seppuku. Takauji entro en Kyoto, escogió a un príncipe imperial como nuevo Emperador marioneta, e instauró un nuevo bakufu. Por su parte, Go-Daigo se retiró a Yoshino llevándose, eso sí, las insignias imperiales.


De este modo se produjo un cisma que se alargó durante más de 50 años. Durante este tiempo hubo dos Emperadores y dos cortes imperiales: la meridional de Go-Daigo que, si atendemos a la posesión de las insignias, era la legítima, y la septentrional, dirigida en la sombra por el bakufu de Ashikaga.

¿Y Nitta Yoshisada? Pues continuó siendo fiel al Go-Daigo, entre otras cosas por un inquebrantable odio hacia Takauji, pero fue sufriendo sucesivas derrotas a manos de éste. Su muerte fue tan memorable como su vida. En 1338, cuando se encontraba asediando el castillo de un enemigo, su caballo recibió una flecha ardiendo que lo derribó. Yoshisada quedó debajo de él, incapaz de moverse, y expuesto abiertamente a las flechas de sus enemigos. Juzgando la situación poco honorable, o poco estética, o ambas cosas, Yoshisada sacó su puñal y se cortó la cabeza.
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* Era Hôjô Moritoki. Intento poner el menor número posible de nombres para no liar aún más. De todas maneras aquí se puede consultar la lista completa de los shikken del clan Hôjô.
** Ver capítulo 6.
*** Bakufu quiere decir shogunato, es decir, el sistema de gobierno en el que el shogun ostenta realmente el poder. Aquí pueden encontrar un esquema de los sucesivos bakufu.

Imágenes:
1. El Emperador Go-Daigo.
2. Kusonoki Masashige en ropas civiles.
3. Nitta Yoshisada propiciando a los dioses antes de atacar Kamakura por el mar.
4. Ashikaga Takauji
5. Kusonoki Masashige en combate
6. La batalla de Minatogawa



sábado, 16 de abril de 2011

HISTORIA DEL JAPON (7): LA PERTURBADORA ATENCIÓN DEL KHAN



Los sucesivos regentes continuaron dirigiendo el shogunato de Kamakura, y durante medio siglo reinó la paz. En 1268, en tiempos del shikken Hôjô Tokimune, llegó a Kamakura un mensajero de Kublai Khan para entregar una carta en la que el Emperador mongol de China exigía a Japón el pago de un tributo y el reconocimiento de su soberanía. Tokimune rehusó contestar, y Kublai Khan, aparejando una armada de 800 barcos y 30.000 hombres, emprendió la invasión de las islas más cercanas al continente. El arte mongol de la guerra desconcertó a los samurai, acostumbrados a un modo ritual y caballeresco de combatir. Los mongoles se basaban en movimientos de grandes masas de combatientes, una técnica que abrumaba a los japoneses, para los que la guerra era un asunto entre guerreros de igual rango, abundante en desafíos y combates individuales. En 1275 los mongoles llegaron a Kyushu y desembarcaron en la bahía de Hakata. A pesar de su inferioridad, los samurai se defendieron con tenacidad y obligaron a los mongoles a reembarcar, causándoles 12.000 bajas en el intento.


Pero no había sido más que el primer asalto, y Kublai Khan continuó requiriendo vasallaje al regente. Cuando la frecuencia de los mensajeros se incrementó, Tokimune tomo dos medidas, comenzar a decapitarlos y fortificar la bahía de Hakata. En 1280 Kublai Kan volvió a atacar. En esta ocasión había preparado una masiva armada de 4.400 barcos y 200.000 hombres, dividida en dos escuadras. La primera partiría desde el este, desde las costas de Corea; la segunda, mucho más numerosa desde el sur, desde China. Cuando la primera escuadra llegó a Hakata, su comandante decidió atacar sin esperar a la segunda. Una vez más, la desesperada resistencia de los samurai ralentizó el desembarco de los invasores, pero las noticias de la inminente llegada de la segunda escuadra hicieron presagiar que el fin estaba próximo. Sólo quedaba a mano la ayuda divina, pero el prudente Tokimune tampoco había descuidado este aspecto, y, mientras esperaba la llegada de la flota, había enviado al Emperador al Gran Santuario Ise para solicitar la ayuda de la diosa Amaterasu. Así, en el momento de mayor desesperación, los japoneses que esperaban la llegada de las naves del Khan vieron cómo el cielo se tornaba completamente negro. Entonces entendieron que la ayuda de Amaterasu se materializaba en forma de un kamikaze, de un imparable viento divino que se abatió sobre los barcos invasores, desarbolándolos y hundiéndolos.


Sólo un tercio de los atacantes consiguió salvarse y volver al continente. El Khan planeó un tercer asalto, aún mayor, pero no llegó a materializarse, posiblemente porque el esfuerzo económico había sido excesivo. También Japón se hallaba en bancarrota después de su victoria, heroica, pero que no había aportado territorios ni botín. Peor aún fue que Tokimune falleciera en 1284, y durante muchos años el cargo de shikken no volviera a ser ocupado por una persona tan enérgica.
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Imagen 1. Retrato de Kublai Khan por el artista y astrónomo nepalí Anige (1294)
Imagen 2. Mongoles asaeteando a un samurai.
Imagen 3. La segunda batalla de Hakata.

lunes, 11 de abril de 2011

COL•LEGUES, HEM DESCOBERT AMÈRICA (Colón apócrifo)

Europa Press informa sobre el documental “Colom i la Casa Reial Catalana’, de Jordi Bilbeny.

Jordi Bilbeny es historiador, conocido por defender la catalanidad de Cristóbal Colom* (para él, Tòfol Colom), y de Miguel de Cervantes, y por atribuir la autoría del Lazarillo de Tormes a Joan Timoneda. Entre sus más recientes objetivos está demostrar la catalanidad de Sócrates, Julio César, la Reina Victoria, y Rocco Siffredi.

También está intentando obtener el Doctorado en Historia Moderna por la Universidad de Barcelona, pero el proyecto está actualmente estancado “por habérsele retirado el soporte académico”. Entretanto, su experiencia laboral ha sido impresionante. Ha dado clases de catalán para adultos en el Consell Islàmic Cultural de Catalunya, y en el Centre Penitenciari de Dones de Barcelona (Wad-Ras). También ha tenido tiempo para crear, en 2004, la Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya, que se propone “reescribir la auténtica historia de Cataluña y crear un nuevo imaginario entre los catalanes”. Dentro de este marco, Bilbeny fue el iniciador del “Simposio sobre el descubrimiento catalán de América”, que anualmente se celebra en Arenys de Munt. Y, ya que estaba allí, se dejó ver participando activamente en la primera consulta por la independencia de Cataluña.
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* Bilbeny admite que Colón partió del Puerto de Palos, pero este dato, según él, no se refiere a Palos de la Frontera, sino a Pals de l’Empordà.

viernes, 8 de abril de 2011

HISTORIA DEL JAPON (6): EL CAMBIANTE MAPA DE PODER



Después de desembarazarse implacablemente de todos los obstáculos que encontró en su camino, incluido su hermano, Minamoto no Yoritomo demostró ser un gobernante muy capaz. Desgraciadamente, murió prematuramente al caer del caballo. El puesto de shôgun recayó entonces en su hijo, pues ya se estaba configurando como una monarquía hereditaria a la sombra del Emperador. El hijo de Yoritomo era un hombre joven y piadoso, y no estaba en absoluto preparado para lo que se le venía encima: su madre. Masako, la viuda de Yoritomo, una persona ambiciosa, decidida y sin escrúpulos, fue quien asumió efectivamente el poder, ayudada por su padre. En una inexorable secuencia, hizo abdicar a su hijo, que ingresara en un monasterio, y que fuera asesinado. Después, nombró shôgun a su vástago menor: sería el último Minamoto en ocupar el cargo. Dada la corta edad del nuevo shôgun, Masako nombró regente (shikken) a su padre. La política japonesa se había convertido en un laberinto de espejos: ahora no sólo el Emperador era una marioneta del shôgun, sino que éste era a su vez un títere del shikken. En este juego de poder, transcurridos unos años el regente ordenó matar al shôgun vigente, lanzando simultáneamente una campaña de propaganda contra los posibles aspirantes Minamoto al cargo. A continuación, se dirigió al Emperador de turno, Go-Toba, y le pidió que nombrara un nuevo shôgun suficientemente manipulable. Pero el Emperador vio su propia oportunidad, e intentó buscar un candidato que sirviera para restablecer su menguado poder. Durante un tiempo, Emperador y regente se dedicaron a pastelear, a presentar a sus propios candidatos, y a rechazar a los del contrario. Finalmente, en un arrebato de dignidad el Emperador declaró proscrito al regente y, apelando a la divinidad de la dinastía imperial, pidió ayuda a los monjes del santuario de Enryaku-Ji. No acudió ninguno, y Go-Toba se vio forzado a exilarse.


Grabado 1: Minamoto no Yoritomo sentado en un taburete de piel.
Grabado 2: el Emperador Go-Toba.
Carmen Quirós, esta entrada va por usted.

miércoles, 6 de abril de 2011

ROSA DIEZ EN PALMA

Un magistrado de la Audiencia Nacional ha defendido que tiene “plena justificación” que las Fuerzas del Orden den un chivatazo a una banda armada, conducta que parece incurrir decididamente en el tipo 'colaboración con banda armada', por estar en el marco "de un proceso de negociación política o de un proceso de paz"*. Ha defendido, por tanto, con total naturalidad, que la aplicación del Código Penal puede ser supeditada a una decisión política.

Que un magistrado de la Audiencia Nacional se permita pegar una patada al estado de derecho, con una naturalidad que demuestra que ni siquiera ha sentido la necesidad de disimular, debería hacer sonar las alarmas. No parece que esté ocurriendo a gran escala, y en ello me parece detectar el funcionamiento de un mecanismo peculiar: comprendemos la gravedad del asunto, pero nos vemos incapaces de hacer algo para evitarlo. Nace así una disonancia que, como todas, desencadena un proceso automático de ajuste. Y, ya que no podemos solucionar el asunto, nos convencemos de que carece de importancia. De paso, comenzamos a mirar con antipatía a los que sí se alarman o denuncian el hecho, porque nos presentan un ejemplo molesto. Con el tiempo, el mecanismo genera una especie de etiqueta según la cual, en cuestiones políticas, sudar es de mal gusto, y aquel que se agita es contemplado con desdén y recelo. Eso explica, por cierto, lo fácil que es convertirlo en ‘crispador’.

Ayer estuvo Rosa Díez en Palma presentando a los candidatos de UPyD para las próximas elecciones autonómicas y locales de mayo. Hizo un diagnóstico del calamitoso estado del paciente España, y aportó una serie de medidas terapéuticas para evitar la defunción. Medidas impecablemente razonables, que, sospecho, serían compartidas por una amplia mayoría de los españoles. Pero el problema no está en la complejidad del diagnóstico, sino en los galenos que, previsiblemente, tendrían que aplicar la terapia: el PP y el PSOE**. El caso es que los grandes partidos no están dispuestos alterar un ecosistema en el que viven estupendamente, de modo que, una vez más, se abstendrán de tomar las medidas que sus votantes aplaudirían. No obstante, éstos continuarán votándolos. En parte por consideraciones acerca de la utilidad de su voto. En parte, me temo, por consideraciones como la descrita en el primer párrafo de esta entrada.

Este fue el planteamiento de Rosa Diez: los dos grandes partidos se han convertido en gigantescos paquidermos que cierran, con sus traseros, el acceso de cualquier opción alternativa, e impiden de este modo la aplicación de las terapias necesarias, que son imprescindibles para el paciente pero dolorosas para ellos. El votante se encuentra, por tanto, limitado por una dramática conjunción disyuntiva: o voto a este, que no me acaba de gustar, o al otro, que decididamente me repele. UPyD, en palabras de Rosa Díez, pretende introducir, entre esas dos mastodónticas “oes”, una modesta “y”. Algo que pone nerviosos a los paquidermos, pues a nadie le gusta ver rondando una conjunción copulativa cerca de sus posaderas. Eso contribuye a explicar el apagón informativo que los medios, tan imparciales, le han dedicado.


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* He visto cosas que los demás no soñaríais. Esta claro que el pobre Roy Batty nunca pasó por la España de Zapatero.

** Ni remotamente pretendo equidistar entre ambos partidos. El problema ha sido creado por el PSOE de Zapatero. Pero creo que, desde 2008, Rajoy ha renunciado a presentar batalla.

domingo, 3 de abril de 2011

HISTORIA DEL JAPON (5): EL VISTOSO DECLINAR DE YOSHITSUNE

Tras la derrota de los Taira la estrella de Yoshitsune fulguraba con su máxima intensidad. Tanto que, comido por el recelo y la envidia, Yoritomo decidió eliminarlo. A lo largo de cinco años fue persiguiendo a Yoshitsune y sus seguidores, que no sólo se mantuvieron fieles hasta el final, sino que se dedicaron a morir de las maneras más pintorescas, especialmente aptas para ser representadas en el kabuki. Este fue el caso de Tadanobu Satô, que fue sorprendido por los hombres de Yoritomo mientras se encontraba con su amante (que lo había denunciado previamente), y, al ver entrar a sus enemigos, arremetió contra ellos agarrando lo primero que encontró a mano, que resultó ser un tablero de Go.


Finalmente, en 1189 el fugitivo Yoshitsune llegó al castillo de Koromogawa, donde había planeado darse una muerte digna. Con el fin de proporcionarle tiempo para realizar los arreglos necesarios, Benkei se colocó en el puente de acceso al castillo, y allí plantado combatió fieramente contra los hombres de Yoritomo ocasionándoles numerosas bajas. Atemorizados, éstos se retiraron al otro extremo del puente, desde donde pudieron observar que, a pesar de estar erizado de flechas, Benkei se mantenía en pie con una mirada fiera en los ojos. Finalmente un soldado reunió el suficiente valor para acercarse, y pudo comprobar que llevaba muerto desde un tiempo indeterminado. Por eso ese lugar se conoce como ‘la muerte en pie de Benkei’, cuya historia turbulenta discurrió, podríamos decir, entre dos puentes*.

Libre por completo de rivales, en 1192 Minamoto Yoritomo se proclamó shôgun, cargo que hasta ese momento había consistido en algo así como un ministro de la guerra. Yoritomo, por tanto, no fue el primer shôgun de Japón, pero sí el primero en ampararse en este título para ser el gobernante absoluto detrás de un Emperador-marioneta. Como para enfatizar la separación entre el poder efectivo del shôgun y el poder nominal del Emperador, Yoritomo desplazó las instituciones de gobierno desde Kyoto a Kamakura. Por ello, esta época es conocida como el shogunato (bakufu) de Kamakura.


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* Ver capítulo 3.

Grabados, de arriba abajo:
1.- Estando rodeados por los hombres de Yoritomo en un templo, Tadanobu Satô salta por una ventana disfrazado con la armadura de Yoshitsune para despistarlos.
2.- Tadanobu Satô arremetiendo contra sus atacantes con el tablero de Go.
3.- Otra versión del mismo episodio. Véase mejor aquí